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Una rosa de sal para Bárbara – cuento para niños

Cuentos para dormir

Una rosa de sal para Bárbara

Juanita N.9 de agosto de 20262 min de lecturapara primaria

El rey Juan tenía una hija guapa y buena, Bárbara. Hacía mucho que quería casarla, pero Bárbara siempre ponía excusas. Estaba enamorada de un minero pobre, pero su padre no quería ni oír hablar de él. Así que le dijo:
—Tu novio no será un cualquiera: tendrá que demostrar un valor enorme y hacer algo que no está al alcance de cualquiera. Inventa una prueba para tu futuro esposo. El que la cumpla mejor será tu marido.

Bárbara pensó y pensó, hasta que al final le dio un consejo su vieja y sabia niñera. Al día siguiente le contó a su padre la prueba:
—Me casaré con quien me traiga una rosa que no se marchite y que me salve la vida.
Su padre asintió: era una buena prueba.

Y llegaron tres pretendientes. El primero trajo una rosa de papel. El segundo, de madera. El tercero, de metal. —Vuestras rosas son preciosas —dijo Bárbara—, pero las tres se pueden romper rápido y fácilmente, y en los tiempos más duros no me salvarían la vida. Tengo que rechazaros a todos.
El rey se enfadó:
—¿Hay alguien más que le haya traído un regalo a mi hija?

Entonces salió de entre la gente un minero andrajoso y le dio a Bárbara una rosa de sal. Bárbara miró la rosa con atención y luego dijo: —Contigo tengo que casarme: tú has cumplido la prueba. La rosa no se marchitará y, si alguna vez faltara la sal en el reino, me salvará la vida, porque sin sal no se puede vivir.

Al principio el rey se enfadó porque Bárbara se la había jugado así, pero luego no tuvo más remedio que reírse de lo lista que era su hija y de lo listo que era su novio. Lo prometido es deuda, y así fue: gracias a una rosa de sal, el minero acabó sentado en el trono real.

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