En el prado olía a flores silvestres recién florecidas, y la hierba se mecía suavemente con el viento. Además de las flores, aquí vivía también una alegre familia de conejos. La mamá y el papá, y sus tres pequeños hijos: Manchitas, con una mancha negra en la espalda; Bigotes, con sus largos bigotes, y Rápido, a quien lo que más le gustaba era correr velozmente.
Seguir leyendoCuentos para preescolares
Todos los niños deberían conocer los cuentos clásicos y los personajes que aparecen en ellos antes de empezar el colegio. Los cuentos para preescolares desarrollan el habla, el pensamiento, la atención y la memoria, y además llevan dentro una moraleja. Ya se los leáis antes de la siesta en la guardería o en casa, seguro que más de uno os encantará.
El mercado de medianoche de magia y magos
A Adam le gustaba ir a la casa de campo de su abuela durante las vacaciones. A veces ayudaba a su abuela en el jardín recogiendo frambuesas o regando las flores; por la tarde corría al aire libre, por el bosque y por los prados cercanos, y al anochecer se sentaba con ella en la pérgola, desde donde tenían unas vistas preciosas del bosque.
Seguir leyendoLa familia de erizos busca un hogar
El otoño fue adentrándose poco a poco en el bosque, en silencio, pero ya no cabía duda de su fuerza. Por la mañana, la niebla flotaba sobre el musgo, el rocío brillaba en la hierba y el viento jugaba con las hojas de colores. El sol ya solo calentaba por poco tiempo y todos los animalitos sabían que había llegado la hora de prepararse para el invierno.
Seguir leyendoCómo Adélka recibió su nombre indio
Junto al ancho río, en el borde del bosque, vivían los indios. Por la mañana, la niebla se alzaba de la hierba del bosque y el aire olía a humo de las hogueras apagadas, que durante toda la noche habían dado calor a toda la gente de la tribu. Allí tenían sus casas, sus familias y sus animales. Cada uno de los indios tenía dos nombres: uno se lo daban sus padres nada más nacer y el otro lo recibía del chamán de la tribu después de cumplir ocho años. Y ese nombre reflejaba lo que al indio le gustaba hacer, en lo que era bueno y cómo era verdaderamente.
Seguir leyendoLos Plízacos – La gran mudanza
Desde que se celebró la gran boda, empezaron a pasar cosas. Nuestra familia creció. Un día por la tarde, simplemente volvió Mamá y traía un bebé en brazos.
Seguir leyendoLos Plízacos – El concurso de los deditos más bonitos del bloque de pisos lo gana…
Y se fueron a asustar. Con Pablo hemos dormido a pierna suelta y tenemos energía para dar y tomar. Por eso propuse que hoy íbamos a asustar a todo el bloque de pisos.
Seguir leyendoLos Plízacos – Por qué a la señora Simona no le va la tele y las misteriosas huellas blancas
En nuestro bloque de pisos llevan ya varios días pintando. A la señora Simona parece que no le gustó mi huella en la pared, así que mandó pintar todo el piso entero. Pero desde que están pintando, parece que ronda algún fantasma que va dejando huellas blancas por todas partes.
Seguir leyendoLos Plízacos – Comida de gato y el plízaco de edificio más antiguo
Esta noche voy con Pablo a visitar al plízaco de edificio más antiguo. Vive abajo, en el sótano. Se dice que nadie logró esconder sus dedos de él. Ni siquiera la nariz. Dicen que hasta se atrevió a meterse debajo de la manta y que una vez incluso le mordió a alguien un dedo del pie junto con un trozo de zapato.
Seguir leyendoLos Plízacos: Cómo me hice amigo de los niños
Después de haber asustado con éxito al señor Carlitos, por fin estoy de vuelta en el cuarto de los niños. Está oscuro, se acerca la medianoche. Voy a asustar y atrapar los deditos que sobresalen por debajo de la manta.
Seguir leyendoEl niño que pellizcaba a todo el mundo
Érase una vez un niño llamado Fran. Ese niño tenía un mal hábito. A todos los que alcanzaba, siempre les daba un pellizco. Si lo hiciera solo en broma, seguro que todos se reirían.
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