Hace ya mucho tiempo, en un reino gobernado por un anciano rey, vivía una hija hermosísima de la que hablaba toda la gente del reino. La princesa disfrutaba de su juventud y belleza, cantaba y jugaba con sus amigas en el jardín del rey. En los calurosos días de verano, prefería ir sola al bosque, donde jugaba con su bola de oro bajo el viejo tilo. Junto al viejo tilo relucía un manantial cristalino, junto al cual la princesa se sentaba y, absorta, lo contemplaba.
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