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Cuentos para dormir - Las ranas que querían un rey

Cuentos para dormir

Las ranas que querían un rey

Dita T.15 de mayo de 20263 min de lectura

Había una vez un estanque en el que vivían unas ranas. Allí estaban muy a gusto y no les faltaba de nada. Pero un día, de puro aburrimiento, empezaron a decir tonterías y se les metió en la cabeza que necesitaban un rey. Enseguida se pusieron a croar muy fuerte para llamar la atención del dios Zeus. 

Zeus oyó tanto croar, apartó las nubes y miró hacia el estanque. Las ranas estaban muy alborotadas y no paraban de saltar y gritar hacia el cielo.

—¿Qué pasa aquí? ¿Por qué croáis tanto? —preguntó Zeus.

—¡Queremos tener un rey que nos gobierne! —respondieron las ranas.

Zeus se encogió de hombros, aceptó su propuesta y decidió enviarles un rey en forma de tronco. Este era tan grande que, cuando cayó sobre la superficie del estanque, se escuchó un chapoteo ensordecedor. Las ranas se asustaron tanto que se escondieron bajo el agua. 

Durante varios días reinó en el estanque un silencio muy raro. Las ranas se escondían bajo el agua y les daba miedo salir. Hasta que, pasados unos días, una de ellas se atrevió a asomar la cabeza. En la superficie flotaba un tronco enorme.

—¡Qué grande es nuestro rey! —croó.

Las ranas curiosas se acercaron poco a poco, una tras otra, para ver qué estaba pasando. Saltaron al tronco y lo examinaron con mucho cuidado. Después empezaron a saltar sobre él, a darle patadas y a burlarse de él. 

—Señor rey, qué perezoso y gordito es usted —reían las ranas.

Zeus lo vio desde el cielo y negó con la cabeza. «¡Qué ranas más tontas! No saben comportarse», pensó, pero lo dejó estar.

Las ranas se divirtieron durante varios días, hasta que el tronco comenzó a aburrirlas. En ese momento empezaron de nuevo a croar sus súplicas y a llamar al dios Zeus.

Zeus se asomó, muy molesto porque lo despertaban tan temprano.

—¿Y ahora qué pasa? ¿Por qué no se lo pedís a vuestro rey? —se enfadó Zeus.

—Poderoso Zeus, nuestro rey no sirve para nada —se quejaron las ranas—. Es un perezoso, no hace nada y no manda nada. Además, es demasiado bueno, no castiga a nadie. ¿Eso es un rey?

—De acuerdo, os enviaré otro rey —decidió Zeus. 

Dicho y hecho: les mandó una cigüeña. Pero la cigüeña no era precisamente el rey con el que habían soñado las ranas. Las perseguía e intentaba comérselas. Las ranas no podían ni pasear por los juncos sin miedo. La cigüeña hambrienta las acechaba por todas partes para atraparlas con el pico.

—¡Zeus, Zeus, croac, croac, croac, ayúdanos! —gritaban otra vez las ranas, pero Zeus estaba muy enfadado con ellas. 

El primer rey les había parecido demasiado blando y perezoso, y no lo quisieron. Pues ahora, que se aguantaran con uno malo.

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