En un gran reino, la reina estaba sentada junto a la ventana del castillo, bordando. Era invierno y afuera flotaban copos de nieve. El paisaje invernal era maravilloso; la reina entreabrió la ventana y miró hacia fuera. Por un instante, olvidó que tenía una aguja en la mano y, al inclinarse por la ventana, se pinchó el dedo.
Seguir leyendo