
Fantasmas dentudos · episodio 9 de 9
Fantasmas Dentudos y el Día de la Tierra
En Fantasmalandia hacía un día precioso. La primavera estaba a la vuelta de la esquina y las flores empezaban a florecer. Ya habían aparecido los fantasmitas de flores blancas y los bubules, y las moscas se habían despertado.
Eso es una buena noticia para todos los Fantasmas Dentudos, porque con ellas se puede preparar un pastel de moscas increíble y muy rico.
Pero hoy no había tiempo para pasteles de mosca, porque se celebraba el Día de la Tierra. Los fantasmas de toda Fantasmalandia se reunieron en la plaza, donde se iba a celebrar un concierto fantasmagórico. Después, tomó la palabra el alcalde de Fantasmalandia, que felicitó a los fantasmas por tener la ciudad más limpia de todas las ciudades de fantasmas.
—¡Yupi! ¡Nos van a dar algún premio! —se alegró el papá Dentudo.
Pero el alcalde negó con la cabeza.
—No, señor Dentudo. Casi lo logramos, pero no hubo suerte —contestó el alcalde.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó alguien entre los reunidos.
—Ha sido culpa del vertedero ilegal de las afueras de la ciudad. Alguien tira basura allí y no nos da tiempo a recogerla —explicó el alcalde.
—Vaya desastre —dijo el niño Cuquito, que terminó su zumo y tiró el envase vacío detrás de él.
—Eres un cochino, Cuquito —le regañó Dientecita, su hermana pequeña—. Portarse así está fatal, especialmente en el Día de la Tierra.
—¿Día de la Tierra? ¿Y qué tal un día tuyo? —se rió Cuquito.
—Recoge eso, por favor —insistió Dientecita.
—Ni de broma.
—¿Te imaginas cómo estaría esto si todos se comportaran igual?
—No lo sé. ¿Bonito? —aventuró Cuquito y siguió haciendo muecas.
—¿A qué cerdito le gustaría vivir entre basura? —se indignó Dientecita.
—Mira, hermana —se burló Cuquito maliciosamente, se comió un caramelo y tiró el envoltorio al suelo.
—Eso te va a salir caro, Cuquito —gruñó Dientecita.
—Lo dudo mucho.
Pero Dientecita ya sabía cómo iba a castigar a ese travieso. Levantó la mano como en la escuela.
—Señor alcalde, yo sé cómo resolver el problema de la basura de la ciudad.
—¿De verdad, niña? Ven aquí conmigo.
Dientecita subió al escenario, donde el alcalde estaba de pie frente a los habitantes de Fantasmalandia.
—Mi hermano Cuquito propone que todos vayamos a limpiar la basura del vertedero ilegal. Y para mostrar a todos cuánto valora el orden y nuestro planeta Tierra, quiere dar ejemplo y comenzar él mismo.
—Muy bien, Cuquito. Realmente eres un fantasmita ejemplar —lo elogió el alcalde.
—¿Cómo? ¿Yo? —exclamó Cuquito. Abrió mucho los ojos y miró a su alrededor buscando adónde escapar, pero se quedó paralizado. Todos le miraban y aplaudían.
—Cuquito, coge una bolsa y ve a recoger basura. Y los demás, venid también. Vamos todos. No le vamos a dejar solo, ¿verdad? —animó el alcalde a los fantasmas.
Y así, todos los fantasmas se pusieron en marcha. Por la tarde, ya no quedaba ni rastro del desorden; el lugar junto al bosque era tan bonito que nadie lo hubiera reconocido.
—Nuestros espantapájaros se encargarán de vigilar el bosque —decidió el alcalde—. La empresa Susto & Carrerilla se ofreció amablemente a cuidar del lugar.
Así fue como los fantasmas celebraron el Día de la Tierra recogiendo la basura, para que pudieran vivir felices en la ciudad. Antes, con tanta basura, ni siquiera se podían ver las flores.
Pero ¿y Cuquito? ¿No tenía nada que decir al respecto? Bueno, quizás sí hubiera dicho algo, pero estaba tan cansado de limpiar que, nada más cenar, desapareció en su habitación y se durmió rápidamente. Durmió muy bien. Él sabía que no está bien tirar la basura al suelo.
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