
Cuentos para dormir
El cuento de nunca acabar
Había una vez un pastorcito que cuidaba de muchísimas ovejitas. El sol dorado ya se escondía detrás de los montes y él seguía con su rebaño al otro lado de un arroyo muy crecido. Quería llevarlas a casa, pero sobre el arroyo solo había un puentecito estrechito, tan estrecho que las ovejitas tenían que cruzar de una en una. Así que vamos a esperar a que pasen todas y luego os sigo contando.
(Los niños escuchan y esperan, piden que siga el cuento; se puede contar así: una ovejita, otra ovejita, … )
…
Una ovejita cruzó el arroyo despacito,
otra ovejita cruzó el arroyo deprisita,
la tercera ovejita cruzó el arroyo dando brincos …
…
(Los niños escuchan y esperan, piden que siga el cuento.)
Había muchas ovejitas y todavía no habían pasado.
…
Había muchísimas ovejitas y todavía no habían pasado.
(A veces, mucho más tarde, los niños todavía piden que siga.)
Por fin cruzaron todas las ovejitas, pero ya era de día. Así que el pastorcito ni siquiera las llevó a casa: las volvió a pasar por el puentecito y siguió pastoreándolas.
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