
Cuentos para dormir
El cuento de la caracolita
Imaginaos cómo sería vivir llevando siempre vuestra casita a la espalda. En cuanto empezara a llover o estuvierais cansados, podríais esconderos sin más, esperar a que pasara la lluvia o descansar un poco. Pues justo una casita así llevaba a la espalda Lola, una caracolita muy simpática.
Seguro que pensáis que seríais felicísimos. ¡Pues Lola no lo era! Y es que todos los caracoles de los alrededores tenían unas conchas de colores preciosos. Eran de rayas, jaspeadas o de un solo color, y brillaban muchísimo. La concha de Lola era marrón clarito, sin una sola raya y toda sucia. Los demás caracolitos no se burlaban de ella, pero muchas veces se preguntaban qué le habría pasado a la concha de Lola para que fuera tan normalita.
Un día, Lola se arrastraba despacito por el prado, con las lágrimas a punto de saltársele. Brillaba el sol y las conchas de los demás caracoles relucían como pequeñas joyas en espiral, pero la suya, nada de nada. Parecía tan triste que hasta se dieron cuenta las hormigas del hormiguero por el que pasaba Lola. —¿Qué te pasa, Lola, linda caracola? —le preguntaron. Y Lola les explicó: —Mi concha es de lo más normal. Me gustaría que brillara, que tuviera rayas o manchitas y que fuera bonita. —Las hormigas se quedaron un momento pensando y luego le dijeron a Lola: —Quédate aquí y espéranos. Volvemos enseguida. ¡Vas a tener una concha como no se ha visto otra en el mundo! —Y Lola esperó. Ya se estaba aburriendo bastante cuando vio que, a lo lejos, se acercaba toda una fila de hormigas. Venían cargadísimas: traían arándanos, frambuesas, dientes de león y briznas de hierba.
Empezaron a corretear alrededor de Lola, y ella no se lo podía creer. En un ratito, su concha normalita tenía rayas amarillas de flores de diente de león, lunares azules pintados con arándanos, el centro de la concha teñido de rojo con frambuesas y el borde de un verde precioso y brillante, pintado con una brizna de hierba.
Lola no se cansaba de mirar aquella maravilla. Siguió arrastrándose tan contenta por el prado y a todo el que le alababa la concha le contaba que se la habían pintado tan bonita las hormiguitas.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos para preescolar




¿Qué te pareció el cuento?