
Cuentos para dormir
El cuervo fantasmal
En un reino vivían un rey y una reina que tenían una hija, la princesa. Era muy guapa y también muy buena, y todos la querían mucho. Parecía que la princesa viviría feliz muchos años, hasta casarse con algún príncipe guapo, y luego otra vez feliz muchos años, hasta el final de sus días. Pero había un problema.
En el reino vivía un cuervo malo y fantasmal. Vivía en una cueva enorme en lo alto de una montaña y le encantaban las cosas bonitas. Por eso ya había robado un montón de cuadros valiosos, candelabros y también alfombras, y lo guardaba todo en su cueva. Pero entonces le entraron ganas de robar la cosa más bonita que había en todo el reino. Y esa era la princesa.
Así que una noche muy oscura llegó volando al castillo. Con su pico negro, enorme y espeluznante, rompió la ventana del dormitorio de la princesa y se la llevó. La princesa gritó, pero no le sirvió de nada. Nadie consiguió atrapar al cuervo. Y así la princesa acabó en la cueva de la montaña alta, esperando a ver si alguien venía a rescatarla.
Y vaya si vinieron. El rey ofreció una recompensa y al reino empezaron a llegar príncipes valientes. Pero, ¡ay!, ninguno conseguía vencer al cuervo. Cuando alguno levantaba la espada, el cuervo se iba volando, luego volvía y le daba un picotazo con su enorme pico o un golpe con su ala gigantesca, y todos los príncipes acababan saliendo corriendo. Pronto no quedaron más príncipes, y el rey estaba desesperado.
Pero entonces trepó hasta la cueva un sastre joven, que se manejaba muy bien con las tijeras. Se escondió detrás de un cuadro y esperó. Por la noche el cuervo llegó volando y se fue a dormir entre sus edredones de encaje. Entonces el sastre salió de su escondite. Sacó del bolsillo una cuerda, le ató el pico al cuervo y luego, con las tijeras, le cortó rapidísimo las plumas de las dos alas, para que no pudiera volar más ni llevarse a nadie, agarró a la princesa y se la llevó al castillo.
Por el camino, a la princesa le gustó tanto el sastre que se casaron, vivieron felices, tuvieron muchos hijos y nadie volvió a ver nunca al cuervo.
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