
Cuentos para dormir
El gatito perdido
Había una vez una ciudad, y en esa ciudad vivía Elenita. Elenita estaba triste, porque hacía muy poco que se habían mudado allí y no tenía ninguna amiga. Solo tenía un gatito pequeño que le había regalado su abuela cuando se mudaron.
Elenita pasaba todo el tiempo con su gatito. Lo sacaba de paseo, le leía cuentos y le daba de comer. Un día se fue con mamá y papá a dar un paseo por el bosque. Durante un rato llevó al gatito en brazos, pero luego le dolían los brazos, así que lo dejó en el suelo para que caminara detrás de ellos. Al cabo de un rato empezó a chispear. La lluvia fina se convirtió en una tormenta y sus padres decidieron volver corriendo a casa. Pero Elenita no veía a su gatito por ninguna parte. Lo llamó a gritos, corrió de aquí para allá, pero nada: el gatito no aparecía y la lluvia era cada vez más fuerte. Tuvieron que volver a casa y dejar al gatito perdido en el bosque.
Sus padres intentaron consolarla, pero no hubo manera: Elenita estaba muy triste. No tenía a su gatito. Tampoco al día siguiente, cuando volvieron al bosque a buscarlo. Se había perdido, sin más. Elenita estaba desconsolada. Pegó carteles por todo el barrio con una foto grande del gatito perdido. Pasaban los días y nadie la llamaba para decirle que lo había visto. Sus padres quisieron comprarle otra gatita, pero Elenita dijo que no. No quería otra.
Hasta que un día precioso, de sol, una niña pequeña llamó a la puerta de Elenita con su mamá. ¡Qué alegría tan grande! La niña le traía su gatito perdido. Lo había encontrado paseando por el bosque. Se lo había llevado a su casa y, un día, de camino al cole, vio los carteles. Aunque le había tomado mucho cariño al gatito, sabía que era de Elenita, así que le pidió a su mamá que la acompañara a devolverlo.
¡Elenita estaba feliz! No solo había recuperado a su querido gatito, sino que además había encontrado una amiga nueva. Desde entonces, las dos niñas salían juntas de paseo, a veces con sus mamás, pero siempre con el gatito, que ya se había convertido en una gata grande y preciosa. Y las dos la vigilaban muy bien. No querían que volviera a perderse.
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