
Cuentos para dormir
El perrito Domingo y el desastre de Navidad
Cuando fuera empieza a hacer frío y los días son cada vez más cortos, es señal de que la Navidad se acerca a pasos de gigante: una época que esperan con ilusión pequeños y mayores.
En un pueblecito, todos se estaban preparando para las fiestas. Entre ellos estaba el perrito Domingo, un cachorrito muy majo que este año había decidido invitar a la cena de Nochebuena a sus amigos, la monita Beti y el elefantito Gigantón.
El día de Nochebuena, Domingo se levantó antes de lo normal, porque le esperaba un montón de trabajo. Se asomó a la ventana y vio que el patio y la calle estaban cubiertos por un buen manto de nieve blanca. Pero nuestro protagonista no tenía tiempo para jugar en la nieve. Desayunó deprisa y se fue al bosque a buscar un árbol. Allí, el señor guardabosques le ayudó a elegir el arbolito más bonito para su casita. Después, Domingo se fue corriendo a hacer las últimas compras, y hacia el mediodía ya estaba otra vez en casa.
El perrito estaba ilusionadísimo, porque en unas horas iban a llegar los invitados. Envolvió los regalos para sus amigos y se puso a cocinar una sopa de pescado y una ensaladilla rusa. Por último, metió en el horno un bizcocho de Navidad y se fue al salón a decorar el árbol.
La habitación se llenó de adornos de todo tipo, bolas de colores y guirnaldas de lucecitas. Domingo decoraba el árbol con muchas ganas y estaba muy contento consigo mismo. Cuando terminó, fue un momentito a la habitación de al lado a por los regalos. Y de repente oyó un golpe tremendo. Domingo volvió corriendo al salón.
¡Menudo desastre! El árbol estaba tirado en el suelo. Las bolas y los adornos estaban desperdigados por todas partes. El cachorrito intentó levantar el árbol, pero, como si lo hiciera a propósito, pesaba muchísimo. O a lo mejor a Domingo ya no le quedaban muchas fuerzas… y encima se enredó en las lucecitas.
En ese momento empezó a llegar de la cocina un olor rarísimo. Domingo supo enseguida que algo iba mal. ¡Se le había olvidado sacar el bizcocho del horno!
—Ay, adiós a la cena de Nochebuena —susurró, desanimado.
Justo entonces llegaron los invitados. Entraron en el salón y vieron al perrito, muy triste, enredado en las lucecitas.
—¡Ay, Domingo! ¿Qué ha pasado aquí? —preguntó la monita Beti, aunque ella y Gigantón se lo imaginaron enseguida. La monita le ayudó a salir de entre las luces.
—¿Y qué es este olor tan horrible? ¿Se está quemando algo? —gritó el elefantito Gigantón.
—Se me ha olvidado sacar el bizcocho del horno. Lo siento mucho, pero la cena no va a salir bien, y ya ni me apetece. —Domingo agachó la cabeza y se sentó en una silla.
—¿Pero qué dices, Domingo? ¡Te vamos a ayudar con todo, ya verás como sale bien! Ahora mismo levantamos el árbol y lo decoramos juntos. Solo se ha roto una bola, las demás están enteras —dijo Gigantón, muy satisfecho.
—Y yo te ayudo a hacer otro bizcocho, solo voy un momento a casa a por harina y huevos —dijo la monita Beti.
—¡Sois mis mejores amigos! —Domingo estaba emocionado.
Y así, con la ayuda de sus amigos, nuestro cachorrito preparó una Nochebuena preciosa. Estuvieron sentados juntos a la mesa hasta muy tarde y después vieron su película de Navidad favorita. Al final, después de un día tan lleno de emociones, se quedaron dormidos en el sofá. ¡Qué Navidad tan bonita!
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