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La monita trabajadora Abaka – cuento para dormir

Cuentos para dormir

La monita trabajadora Abaka

Jacobo M.10 de julio de 20263 min de lectura

En una selva enorme vivían en paz y armonía animales de todo tipo: gorilas simpáticos, hipopótamos, rinocerontes y pajaritos de colores.

Y en una casita pequeña, en lo alto de un árbol, vivía también la monita Abaka. A Abaka le gustaba jugar, pero también pasaba mucho tiempo haciendo pasteles y galletas. Todos los invitados que venían a su casa le decían siempre que estaban riquísimos. Y Abaka tenía muchas ganas de tener una bici nueva. Un día, a la monita se le ocurrió una idea estupenda: abriría su propia pastelería y vendería allí sus galletas y sus pasteles. No se lo pensó mucho y se puso manos a la obra enseguida. Clavó tablas y construyó una casita pequeña, que colocó junto al camino principal de la selva. Arriba colgó un cartel que había hecho ella misma, y en él ponía «Pastelería». Cuando la casita estuvo lista, la monita encendió el horno y se puso a hornear toda clase de cosas ricas.

A la mañana siguiente, la monita se levantó antes de lo normal. Por un lado estaba muy ilusionada, pero por otro le daba un poco de miedo que no fuera nadie. Cuando al rato abrió la pastelería, un olor dulcísimo se extendió por todos los alrededores.

Dentro, la monita tenía un montón de cosas ricas: bollitos dulces, galletas con crema de chocolate, bizcochos esponjosos y merengues.

Y al poco rato aparecieron delante de la tiendecita los primeros clientes: llegaron el gorila Bongo y la cotorra Toara. Probaron las galletas y les encantaron. Así que decidieron contarles a todos sus amigos lo de la nueva pastelería.

Al día siguiente, la monita Abaka se levantó tempranito, como siempre, y se fue a la pastelería. En las manos llevaba bolsas con pasteles recién hechos y otros dulces. Cuando llegó a la pastelería, no se podía creer lo que veía. Delante de la tiendecita ya esperaba una cola enorme de clientes con mucha hambre.

—¡Por fin llegas, Abaka! ¡Ya no podíamos esperar más para probar tus cosas ricas! —gritó la cotorra Toara, que ya sabía que iba a venir a menudo. Y los demás habitantes de la selva, que querían comprarse algo rico, le daban la razón a voces.

—¡Abro ahora mismo! Hoy tengo una novedad: tarta de fresa —dijo la monita, muy contenta, y los invitó a pasar.

Y así, gracias a lo trabajadora que era, la monita Abaka ganó muy pronto el dinero para la bici con la que tanto había soñado.

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