
Cuentos para dormir
El cuento del topo
Los topos son el terror de todos los jardines y huertos. Cavan muy hondo y destrozan lo que hemos plantado. ¡Ay, si se pudiera hablar con ellos para que nos dejaran el jardín en paz! Pero eso todavía no lo ha conseguido nadie. Un año, los García plantaron en su jardín, como todos los años, flores y frutales.
¡Ay, cuántas cosas había allí! Rosas, tulipanes, grosellas, uvas espinas y un montón de cosas ricas más. Pero los topos lo removieron todo, y no hubo nada que funcionara contra ellos. Vaya, con los topos habría que probar de otra manera…
Llegó el año siguiente y los García volvieron a plantar fruta y verdura. Todo crecía precioso cuando, una noche, empezaron a aparecer topos. Por suerte, no rompieron nada. Por la mañana, el señor García vio que en el jardín habían salido montoncitos de tierra, de esos que hacen los topos.
—¿Y si hablas con ellos, Esteban? —propuso la señora García, convencida de que podía servir de algo.
—Mmm, pues… ¿por qué no? —contestó su marido.
Llegó otra noche y Esteban decidió no irse a dormir y esperar a que los topos empezaran a hacer de las suyas en el jardín. De repente vio a uno y se puso a hablar con él.
—¿Por qué me destrozas el jardín?
—Es mi trabajo —dijo el topo muy seguro de sí mismo.
—¿Y si llegamos a un acuerdo?
—Eso que dice tiene sentido. Le escucho.
El señor García intentó convencer al topo de que él y los suyos respetaran su jardín, porque el año anterior habían hecho muchísimo destrozo. Le propuso darles un trocito del jardín donde los topos pudieran cavar todo lo que quisieran y, a cambio, él allí no plantaría nada. El topo aceptó encantado. La señora García se puso muy contenta, porque su trabajo había valido la pena y en verano pudo disfrutar de unas flores preciosas en el jardín.
Siempre está bien pensar en los animalitos y en lo que necesitan, aunque muchas veces los veamos como una plaga.
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