
Cuentos para dormir
Los consejos de oro del pájaro carpintero Paco
Un día, la señora Lechuza decidió llevar a todos los niños que iban a la escuela del Claro del Bosque a pintar al aire libre. Todos se pusieron contentísimos, claro, y empezaron a preparar lo que iban a necesitar. Se llevaron lápices de colores, rotuladores, pinturas, pinceles, lienzos y, por supuesto, la merienda que sus mamás les habían preparado por la mañana.
La señora Lechuza pensó que el mejor sitio para pintar su primer paisaje sería junto al lago cercano. A los niños les hizo mucha ilusión probar a pintar justo allí.
—Yo pintaré con pinturas —dijo la ardilla Alicia—. Puedo mezclar colores distintos e inventarme uno completamente nuevo.
—Y yo usaré rotuladores —añadió la cervatilla Celia—. Así no tendré que esperar a que se sequen.
Cada uno podía elegir con qué quería pintar, y hasta usar varias cosas a la vez. Así que los niños se pusieron manos a la obra y la señora Lechuza los observaba. Solo el pájaro carpintero Paco no conseguía decidirse. Así que empezó a mirar por encima del hombro de los demás y a molestarlos un poquito.
—Tienes demasiados colores oscuros —le dijo al tejón Tomás, mirando su dibujo—. Yo pondría más blanco.
Tomás no dijo ni una palabra, porque ya tenía pensado desde hacía rato hasta el último trocito de su dibujo.
—No te salgas de la raya, Alicia —le dijo el pájaro carpintero a la ardilla. Ella solo frunció el ceño y siguió pintando.
Por fin, el pájaro carpintero Paco se puso con su dibujo. Usaba todo lo que se le ponía al alcance del pico. Y cuando los demás niños ya estaban terminando su primera obra de arte al aire libre, Paco de repente se puso triste.
—¿Qué te pasa, Paco? —le preguntó la señora Lechuza.
—Todos tienen unos dibujos tan bonitos, con tantos colores, y se ve muy bien lo que hay en ellos. El mío no se parece ni a un lago ni a un bosque. Es solo un gran borrón de colores. —Paco estaba a punto de llorar.
—Pajarito —empezó la señora Lechuza—, ahora ves lo bien que los demás han resuelto esta tarea tan difícil, incluso sin tus consejos de oro. Es una lección muy importante para ti. No puedes decirles a los demás cómo tienen que hacer las cosas cuando tú mismo todavía no las entiendes bien.
—Sí, señora Lechuza —pió Paco bajito.
—Pero estoy segura de que, si practicas más, pintarás un cuadro tan bonito como los de los demás.
Aquel día, la señora Lechuza no les puso nota a los dibujos. Decidió colgar todos los paisajes en la pared, también el de Paco, para que los niños recordaran para siempre lo que habían aprendido aquel día.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de pájaros Cuentos para preescolar Fábulas




¿Qué te pareció el cuento?