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Juanito, el erizo despistado – cuento para niños

Cuentos para dormir

Juanito, el erizo despistado

En un bosquecillo muy frondoso, lleno de robles y arces, vivía la familia Púas: mamá, papá y el despistado de Juanito. Por eso, cada vez que mamá lo mandaba a por moras o fresas silvestres, siempre le insistía:

—No vayas más allá del viejo roble. Ahí empieza la espesura, y es muy fácil perderse.

—¿Qué has dicho, mamá? Ah, sí, ya me acuerdo: como mucho hasta ese árbol viejo —contestaba Juanito, con la cabeza en las nubes.

Y así, un otoño, cuando los Púas empezaron a guardar provisiones para el invierno, mamá mandó a Juanito a por hormigas para la sopa.

—Recoge bastantes, que papá ahora tiene un hambre que no se le quita —le dijo mamá—, y no vayas…

—Y no vayas más allá de ese árbol viejo. Ya lo sé, mamá, ya lo sé —la interrumpió Juanito, y se puso en camino.

Llevaba unas veinte hormigas en la cestita cuando pasó junto al viejo roble y se le encendió la bombilla: «¿Qué era lo que me dijo mamá? Algo del viejo roble», pensó Juanito, «seguro que era que detrás hay más hormigas». Y pasó de largo y se metió en la espesura.

Anduvo y anduvo por la espesura, y cuando ya tenía unas cincuenta en la cestita, decidió volver.

«¿Por dónde se volvía?», pensó Juanito, «aquí hay un senderito, iré por aquí».

Pero a los pocos pasos se dio cuenta de que cada vez reconocía menos la maleza que lo rodeaba. Empezó a oscurecer y Juanito empezó a tener miedo.

Al hacerse de noche, mamá y papá también empezaron a preocuparse y salieron a buscar a Juanito.

—¡Juanito! ¡Contéstanos! —iban llamando por el bosque, y mamá ya se secaba las lágrimas.

—Vamos a mirar en la espesura, seguro que nuestro niño se ha perdido allí —decidió papá.

Y mientras se abrían paso entre la maleza, oyeron una vocecita que conocían muy bien.

—¡Mamá, papá! ¡Estoy aquí!

—Ay, nuestro despistado —dijo mamá, y lo abrazó.

—Mamá, quería traerte todas las hormigas que pudiera, por eso me metí en la espesura detrás del viejo roble —explicaba Juanito.

—¡Pero os prometo, mamá y papá, que nunca más pasaré del viejo roble!

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