
Cuentos para dormir
La fábula de la zorra y las uvas
Érase una vez una zorra a la que le encantaba probar todo lo que encontraba. Un día pasó junto a una viña donde acababan de madurar unas uvas grandes y preciosas, y le entraron unas ganas tremendas de probarlas. ¡Tenían una pinta tan dulce!
La zorra se estiró, pero no llegaba al racimo, porque colgaba demasiado alto. Probó a saltar, pero tampoco llegaba. Intentó trepar por la valla, pero era muy vieja y las tablas crujían y se rompían bajo sus patas. La zorra saltaba y trepaba como podía, pero una y otra vez acababa en el suelo. Las uvas estaban demasiado altas.
Al final, ya agotada, la zorra resoplaba como si acabara de correr una maratón. Jadeaba con la lengua fuera y tenía el pelo todo revuelto, pero no había nada que hacer. Por fin se dio la vuelta y se marchó con el rabo entre las piernas, sin haber probado ni una uva.
«Bah, ¿y qué más da?», se dijo la zorra. «Seguro que esas uvas estaban verdes y ácidas como un limón. Aunque hubiera llegado arriba, no me habrían gustado nada».
Pero la zorra se equivocaba: las uvas estaban dulcísimas. En el fondo ella lo sabía muy bien, pero dijo que estaban malas a propósito, para no sentirse fatal por no haberlas alcanzado. Por eso, cuando alguien habla mal de algo solo porque no lo puede tener, se dice: «Están verdes». Aunque en realidad sea dulce o bonito.
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