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Cómo la liebre Deli se convirtió en una heroína – cuento para dormir

Cuentos para dormir

Cómo la liebre Deli se convirtió en una heroína

Deli era una liebre que vivía en un pueblecito de liebres, bajo tierra, en medio de un gran prado rodeado de bosque. De vez en cuando, de aquel bosque salían lobos que querían cazar liebres. Por eso las liebres eran muy prudentes y, cada vez que oían o veían algo sospechoso, se escondían en sus madrigueras.

Las liebres normales suelen ir más bien por libre y ni siquiera viven en madrigueras, pero estas eran muy listas y lo habían aprendido de sus vecinos, los conejos de campo, que vivían en el claro de al lado. Aprendieron de ellos a hacerse sus propias madrigueras y luego excavaron todo un pueblecito subterráneo, donde siempre estaban a salvo.

Un día, Deli fue con las demás liebres del pueblecito al borde del prado a comer dientes de león. Pero hay algo más que tenéis que saber de Deli: tenía una oreja más pequeña que la otra. Las demás liebres se reían mucho de ella por eso, eran malas con ella, y Deli lo pasaba fatal. Por eso casi siempre se mantenía apartada de todos, igual que aquel día, en que mordisqueaba hojas de diente de león un poco lejos de los demás. De repente, del grupo de liebres salió un grito: —¡Un lobo! ¡Todos a correr, que viene el lobo!

Las liebres salieron disparadas, se alejaron a toda prisa del borde del bosque y corrieron a toda velocidad hacia sus madrigueras. Deli ya estaba a punto de echar a correr con ellas cuando se dio cuenta de que unos cuantos lebratos seguían quietos en su sitio. Por lo visto, nadie les había avisado del lobo y los pequeños no sabían qué hacer. Aparte de Deli, nadie se había dado cuenta. O a nadie le importaba.

Pero Deli no pensaba dejar a los pequeños a su suerte. Corrió hacia ellos justo cuando, por el rabillo del ojo, vio al lobo acercándose sigiloso. No sabía qué iba a hacer. No era lo bastante fuerte para vencer a un lobo. Aun así, algo dentro de ella la empujaba a proteger a los pequeños. Frenó justo entre ellos y el lobo. El lobo gruñó amenazador: de la boca le salía un olor insoportable a carne vieja y a dientes sin lavar. Despacio, fue acercando a la cara de Deli sus dientes, afilados como cuchillos.

Deli no sabía qué hacer. Así que hizo, sencillamente, lo que las liebres saben hacer mejor que nada: saltar. Saltó justo encima de la cabeza del lobo. Empezó a pisotearle la cabeza, a tirarle de las orejas y a morderle con sus afilados dientes delanteros. El lobo empezó a sacudirse, intentaba morder a Deli, pero no llegaba hasta ella. Entonces Deli le dio un mordisco tan fuerte que el lobo soltó un aullido y salió huyendo. Deli se bajó de un salto y corrió a llevar a los lebratos, muertos de miedo, a la seguridad del pueblecito.

Desde entonces, Deli ya no era conocida como la liebre de las orejas desiguales. En vez de eso, todos la conocían como la liebre valiente y fuerte que, ella sola, se enfrentó al lobo malo y salvó a los pequeños.

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