
Cuentos para dormir
El cuento del erizo
Ya se sabe: en los cuentos se cuentan muchas cosas, pero no siempre son verdad. Y hay un cuento inventado que desde hace muchísimos años les da a los erizos muchos quebraderos de cabeza. En él, estos simpáticos bichitos de púas llevan manzanas y peras en la espalda, y van todos doblados por el peso. Pero ¿cómo es de verdad? ¿De verdad lleva el erizo fruta en la espalda y la guarda en algún sitio para tener provisiones? ¿Y el erizo come fruta?
En un pequeño bosquecillo, muy cerquita del pueblecito de Villalarga, vivía el erizo Chencho. Se pasaba el día descansando y, al atardecer, empezaba a resoplar y a trotar camino del pueblo, donde la gente tenía muchos árboles frutales en sus huertos. Por el camino se encontraba con sus amigos del bosque. En el borde del bosquecillo tenía su madriguera la zorra, en las copas de los abedules correteaban los mirlos, en el campo a veces se topaba con un jabalí y en el prado con toda una familia de liebres. Todos los animales, sin faltar uno, le preguntaban siempre: «¿Vas a por manzanitas?» y «¿No te va a doler la espalda de tanto cargar fruta?». A veces hasta le gritaban: «¡Cuidado, no se te vaya a romper una púa!». Y a la vuelta, los demás se extrañaban: «¿No traes nada? ¿Ya han recogido la cosecha?» o «¡Qué perezoso estás hoy! ¿Es que las manzanitas no quieren subirse a tus púas?».
A Chencho las burlas le daban igual. Sabía muy bien que ningún erizo lleva fruta en la espalda. No tendrían fuerza para hacerlo y, además, se les estropearían las púas. Eso es lo que los demás se creen, que va al huerto a por fruta. Pero Chencho iba a buscar algo muy distinto: lombrices, escarabajos, larvas u orugas. ¡Porque el erizo es insectívoro y no come fruta! La fruta que cae al suelo en los huertos atrae con su olor y su sabor a un montón de bichitos, y para el erizo ese sitio es un auténtico banquete.
Así que vosotros también, la próxima vez que oigáis al atardecer en el jardín resoplidos y pasitos, o incluso veáis un erizo con vuestros propios ojos, acordaos de que seguramente va a buscar lombrices o larvas, y no os extrañéis de que no lleve sus provisiones de fruta en la espalda.
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