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El rescate del mundo submarino – cuento infantil

Cuentos para dormir

El rescate del mundo submarino

Dominika J.16 de septiembre de 20265 min de lecturapara preescolar

Había una vez un reino. Pero era diferente de los que conocemos. Porque estaba bajo el agua, muy lejos del mundo de las personas. En el reino del arrecife de coral vivían criaturas submarinas nunca vistas, peces preciosos como no había otros en el mundo, y también sirenas: Aurelia, Luna y Marisa.

Todas eran famosas por sus colas verdes y brillantes, por su belleza y por lo hábiles que eran. Cada sirena tenía un pelo precioso: Aurelia, de color rosa; Luna, largo y azul, y Marisa, rojo. Pero tenían que esconder de las personas su belleza y su arrecife de coral.

Era un día precioso y soleado; la luz del sol brillaba sobre el agua y formaba arcoíris de colores entre las olas. Aurelia, Luna y Marisa jugaban cerca de la superficie y se reían mientras perseguían a su amigo, el delfín Flip, que hacía burbujas brillantes y saltaba alegre por encima del agua. Luego se perseguían entre los corales de su reino. De pronto, sobre su reino submarino se oscureció todo. Era muy raro, porque hacía un día de sol precioso, pero sobre los corales había aparecido una mancha oscura. Había algo en la superficie. Aurelia se asomó con cuidado, levantó la vista y se quedó sin aliento. —¡Un barco! —susurró asombrada, pero con miedo en la voz. Era un barco que pescaba peces. —Las personas son peligrosas, no pueden encontrarnos —exclamó muy preocupada Luna, que también se había asomado con Marisa a curiosear.

Las hermanas sabían que tenían que tener cuidado con los barcos, porque a los marineros a menudo les picaba la curiosidad por las misteriosas criaturas marinas del arrecife. ¡No podían descubrir su reino! Se sumergieron rápido, y sus colas relucían con el sol. Las hermanas y su amigo Flip se alejaron a toda velocidad de su arrecife. ¡No podían llevarlos hasta su casa! Pero ya era demasiado tarde: el barco dio la vuelta, una gran red cayó al agua y se iba acercando a ellas. Flip se perdió a lo lejos, pero la tripulación del barco las había visto.

A Luna se le aceleró el corazón cuando notó cómo la red le rozaba la cola verde. —¡Tenemos que escapar! ¡Si nos atrapan, nunca volveremos a casa! —lloraba mientras nadaba todo lo rápido que podía. Aurelia era la más rápida de las hermanas y estaba llena de valor. —Vamos a nadar hacia el arrecife de rocas de la isla. La red no podrá pasar entre las rocas tan juntas y al barco le costará mucho moverse —se le ocurrió a Aurelia.

Las hermanas estuvieron de acuerdo y, con un coletazo, salieron disparadas hacia la orilla de la isla, que estaba rodeada de rocas muy altas. Las sirenas nadaban entre ellas con mucha astucia. El barco se paró: no podía seguir buscando entre las rocas. La red seguía detrás de ellas, sí, pero se enredó en una roca y se rompió. Las hermanas pensaban cómo alejar el barco de allí y cómo volver a casa. De pronto apareció delante de ellas su amigo, el delfín Flip. —¡Tengo una idea! —dijo muy seguro de sí mismo, y salió a la superficie. Dio un salto altísimo fuera del agua y chapoteó cerca del barco con todas sus fuerzas.

La tripulación se quedó sorprendida por aquel chapoteo tan repentino y pensó que se trataba de una criatura marina mucho más grande. Dejaron la red rota entre las rocas y se fueron a toda prisa detrás de aquella criatura tan rara, aunque en realidad solo era el delfín Flip. El delfín se sumergió y, chapoteando, llevó el barco lejos de las rocas, de la isla y, sobre todo, de su hogar, el arrecife de coral. Cuando el barco se fue y no había peligro, las hermanas nadaron entre las rocas para volver a casa, a un lugar seguro. Se escondieron en su reino bajo un gran coral y vieron cómo la sombra del barco desaparecía a lo lejos.

Cuando ya no había nadie, Flip volvió al reino. —Los he llevado muy lejos, hasta el centro del océano oscuro. Desde allí ya no volverán —dijo el delfín muy orgulloso. —¡Nos has salvado! —exclamó Marisa, y con sus hermanas abrazó a su amigo el delfín.

En su reino, Aurelia, Marisa y Luna les contaron a sus amigos, los pececitos y las demás criaturas, cómo había llegado aquel barco tan peligroso y cómo Flip las había salvado. Todos en el arrecife de coral sabían que tenían que tener más cuidado: a las personas les tenían más miedo que a nada. Pero las hermanas nunca olvidaron aquella aventura ni el trabajo en equipo tan bien hecho que las salvó de ser descubiertas. Cada vez que veían un barco a lo lejos, se escondían para que nadie las encontrara nunca y para que sus secretos estuvieran a salvo del mundo.

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