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La casa misteriosa de Halloween – cuento para dormir

Cuentos para dormir

La casa misteriosa de Halloween

Eran finales de octubre y los niños se preparaban para la fiesta de Halloween en las escuelas infantiles y en los coles. Además de las hojas de colores caídas, adornaban la ciudad calabazas vaciadas y decoraciones de miedo: fantasmas hechos con sábanas y telarañas. Los niños se iban a poner disfraces terroríficos y luego saldrían a la calle con las seños y con sus papás a pedir caramelos.

Maya tenía muchísimas ganas de que llegara Halloween. Se disfrazó de calabaza y, cuando salió a la calle con sus compañeros de clase, se toparon con algo muy poco corriente. Maya iba de casa en casa con su amiga Lucía, vestida de bruja, y con su compañero Matías, convertido en momia. Llamaron tímidamente a la puerta de una casa vieja, pero nadie abría.

—¡Truco o trato! ¡Venimos a por caramelos! —gritaron los niños con un poco de miedo. Detrás de la puerta algo hizo ruido, y la puerta se fue abriendo despacio. Maya, Matías y Lucía se asomaron poco a poco, pero no vieron nada. En la casa casi no había luz.

—Creo que no hay nadie en casa —dijo Lucía en voz bajita, y dio un paso atrás. —Deberíamos seguir —dijo Maya con cuidado. Pero Matías era valiente. —La puerta se ha abierto, a lo mejor nos esperan caramelos dentro. Vamos a echar un vistazo —los animaba el niño.

Los niños asomaron la cabeza, apretando en las manos sus cubos llenos de golosinas. La casa vieja hacía unos ruidos muy raros. Por todas partes había telarañas y moho. Y del piso de arriba bajaba un frío extraño, algo especial que los niños no sabían explicar con palabras. Avanzaron despacito por el pasillo hasta el salón, donde vieron un sillón viejo y raro. El sillón empezó a girar muy despacio. —¡Socorro! —gritaron los niños, ¡y salieron corriendo a toda velocidad! Delante de la casa se encontraron con la seño, que miraba sorprendida a sus alumnos asustados.

—¡Hay alguien en esa casa! —gritaban los niños asustados, señalando la casa de miedo. —¡Feliz Halloween! —exclamó riéndose el director del cole, que salió de la casa disfrazado de señor viejo y terrorífico lleno de verrugas. Los niños no se lo podían creer. Hacía muchísimo tiempo que nada los asustaba tanto en Halloween. Y así siguieron todos juntos pidiendo caramelos, y los niños nunca olvidaron el susto que les dio el director. Aun así, sabían que aquella casa escondía algo especial: dentro habían tenido una sensación muy rara. Pero lo que la casa escondía de verdad, eso prefirieron no averiguarlo. Aquel año no solo dieron miedo sus disfraces: ¡todo Halloween, con la fiesta y la búsqueda de caramelos, fue terrorífico de verdad!

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