
Cuentos para dormir
La hormiga responsable
Era un precioso día de verano y el solecito les hacía cosquillas a todos en la cara. Los animalitos disfrutaban del verano y la naturaleza estaba en todo su esplendor. Por todas partes olían las flores y la hierba fresca brillaba con el rocío de la mañana. El pequeño Robi, una hormiga, también disfrutaba del buen tiempo. Pero no se quedaba tumbado al sol: igual que sus amigas las abejitas, él también trabajaba sin parar. De vez en cuando se paraba a refrescarse con una gota de rocío o a tomar el sol un ratito, pero enseguida se ponía de pie de un salto y seguía trabajando.
Las abejitas recogían néctar en sus cubitos, las ardillas curiosas buscaban frutos secos y las hormigas juntaban provisiones para el invierno. Entre ellas estaba también la hormiga Robi. Iba de aquí para allá y llevaba a la espalda granitos, semillas y todo lo que les pudiera venir bien a él y a su familia. Porque sabía que los animalitos responsables se preparan para el invierno a tiempo. Al fin y al cabo, en el hormiguero tenía una familia muy grande que en invierno seguro que tendría hambre. Mientras iba caminando por el bosque, cerca de allí, encima de una piedra, daba saltitos muy a gusto el saltamontes Ludo. Bailaba alegre con un sombrerito en la pata y cantaba. Disfrutaba de los días de verano. Robi se paró un ratito con él y bailó un poco, pero pronto se dio cuenta de que Ludo solo se divertía y no hacía nada, y trabajar también hace falta.
Los días pasaban volando, y a los rayos de sol calurosos les siguieron unas nubecillas más frescas. Pero eso al saltamontes no le preocupó nada, así que Ludo siguió bailando y cantando.
—¡Hay tiempo de sobra para las provisiones! ¡Venid aquí a cantar conmigo! —les gritaba Ludo a los escarabajos y a las hormigas. Robi se paró, se secó la frente y le contestó tranquilo:
—Estamos trabajando, Ludo. El invierno está al caer. Y cuando lleguen las heladas, ya no habrá nada de comer. La naturaleza se irá a dormir. Hay que prepararse antes —le dijo la hormiga con mucha sensatez. El saltamontes se rio, porque pensaba que aún tenía tiempo de sobra. Y así Robi y los demás animalitos siguieron trabajando sin parar, y Ludo siguió solo divirtiéndose. La hormiga sabía que está bien divertirse y bailar, pero no todo el rato. Los días pasaban y al verano le siguió el otoño. El bosque se cubrió de hojas de colores y llegó el frío. En un abrir y cerrar de ojos, el invierno llamó a la puerta mucho antes de lo que nadie esperaba. De repente, el bosque se cubrió con la primera manta de nieve y la helada picaba en la cara a más de un animalito. Así que los animalitos se escondieron en sus madrigueras calentitas, y no tenían la barriga vacía, porque se habían preparado bien.
Ludo, siempre tan alegre, de pronto estaba triste. Estaba solo, helado y con hambre. Ya no tenía motivos para estar contento ni para cantar. Temblaba de frío en su casita y estaba enfadado consigo mismo. Estaba enfadado porque no tenía comida ni musgo calentito para taparse y calentarse. Se acordó de Robi y de los demás animalitos, que habían trabajado tanto preparándose para el invierno. «Seguro que ahora están calentitos y con la barriga llena», pensó. Entonces entendió que él también tendría que haberse preparado.
Ludo se arrastró despacito hasta el hormiguero y pidió un poquito de comida. Robi le sonrió y le dio unas migas y unos granitos. —Tenías razón. Tengo que ser más responsable, y no solo divertirme —reconoció Ludo, y se volvió a su casita. Y así Ludo entendió una cosa muy importante: primero el trabajo y luego la diversión. Seguía gustándole cantar y bailar, pero siempre hacía primero lo que hacía falta. ¿Y vosotros, niños? Primero recogéis los juguetes o hacéis los deberes y luego os vais a jugar, ¿a que sí?
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