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Lo que los animales del bosque enseñaron a Toni – cuento infantil

Cuentos para dormir

Lo que los animales del bosque enseñaron a Toni

Marita P.27 de septiembre de 20266 min de lecturapara preescolar

Toni vivía cerca del bosque. Tenía el pelo castaño y rizado, que se le enroscaba hacia todos lados. Llevaba siempre las manos sucias y la ropa rota, y casi nunca se le veía sonreír. Era un gruñón de los de verdad. Casi nada le hacía ilusión y lo que podía, lo rompía o lo ensuciaba.

Un día, paseando por el bosque, no se portó nada bien. Pateaba las setas, tiraba papelitos por el camino, arrancaba helechos y los tiraba. No le gustaba nada y no valoraba nada. Y así hacía casi todos los días cuando iba a pasear por el bosque.

Pero en aquel bosque vivían animalitos a los que eso no les gustaba nada. Al fin y al cabo, ellos vivían allí y Toni les estaba destrozando su casa. Por eso un día se organizó una reunión en el bosque. Acudieron todos los animales: erizos, tejones, ardillas, pajaritos, corzos y hasta las hormigas. La reunión se celebró bajo el árbol más grande del bosque. En la rama más alta se posó la lechuza, el animal más sabio del bosque. Desde aquella altura veía muy bien a todos los animalitos.

Cuando todos los animalitos se sentaron, empezó la reunión. La lechuza preguntó: —A ver, por favor, ¿quién tiene quejas de Toni? —Los animalitos empezaron a hablar todos a la vez. A las hormigas les deshace el hormiguero, a los tejones les mete basura en las madrigueras y a los corzos les rompe el comedero. La lechuza lo escuchó todo y preguntó: —¿Y a quién se le ocurre cómo impedírselo? —Entonces los animalitos se quedaron callados. No sabían qué hacer. La lechuza pensó y luego dijo: —Muy sencillo: le enseñaremos que en el bosque no se va a portar así. Cada uno de nosotros sabe hacer algo. ¡Vamos a aprovecharlo! —Y enseguida los animalitos tramaron un plan.

Al día siguiente, todos esperaban a Toni en sus puestos. Él paseaba por el bosque como si nada. No tenía ni idea de lo que le esperaba. Llegó a la primera seta, tomó impulso y le dio una patada con todas sus fuerzas. Pero no debió hacerlo. Los animalitos habían puesto una piedra justo al lado de la seta. Y cuando Toni pateó la seta, pateó también la piedra durísima. Ahora se agarraba el pie y se quejaba.

Pero al rato se enfadó todavía más. Fue hasta el comedero, empezó a meter basura dentro e intentó romperlo con un palo. Pero entonces empezaron a caerle castañas y bellotas. Iban directas a Toni y le daban. Toni miraba a su alrededor sin saber qué pasaba. No sabía que eran las ardillas, escondidas en el árbol, que le estaban tirando todas las provisiones que habían juntado en su vida.

A Toni se le estaban acabando las fuerzas. Le dolía el pie y, la verdad, le dolía todo de tantas castañas y bellotas. Cansado y enfadado, se sentó bajo el árbol más grande del bosque. Y allí sentado empezó a arrancar musgo. Lo tiraba a su alrededor y arrancaba las plantas que crecían cerca de él. En cuanto el árbol bajo el que estaba sentado lo notó, se sacudió y le tiró encima todas las piñas que tenía. Ahora a Toni, debajo del árbol, solo le asomaba la cabeza de un montón de piñas. Estaba allí sentado sin entender qué había pasado aquel día.

Al rato llegó volando la lechuza. Se posó con elegancia delante de Toni y le dijo: —Toni, hace mucho que te vemos por aquí. Todos los animalitos te conocen y también ven lo mal que te portas en el bosque. Lo de hoy no ha sido casualidad: si te duele todo el cuerpo, es porque lo hemos hecho nosotros. Queríamos enseñarte lo que no debes hacer. Eso nos hace daño. Te prometo que, si no cambias y no empiezas a respetar a los animales, la naturaleza y las cosas que te rodean, haremos que no vuelvas a pisar el bosque. Piénsalo bien. —Y la lechuza se fue volando.

Toni se quedó un buen rato sentado entre las piñas pensando en lo que le había dicho la lechuza. Durante un tiempo no apareció por el bosque. Hasta que, al cabo de unas semanas, volvió. Parecía otro. Iba limpio, bien vestido y en la mano llevaba un cubo lleno de castañas. Las echó todas en el comedero para los animalitos y se marchó. Cuando los animalitos se reunieron junto al comedero, encontraron también una nota. Ponía: «Queridos animalitos: siento mucho haberos hecho daño y haber destrozado vuestra casa. Vosotros me habéis enseñado a portarme bien y que es mejor respetar la naturaleza y disfrutarla que destrozarla. He cambiado, y ha sido gracias a vosotros. Aunque no ha sido fácil. Gracias». Los animalitos se pusieron contentísimos de que todo hubiera acabado así. Desde entonces siempre esperan a Toni y, en cuanto aparece por el bosque, corren hacia él para enseñarle la magia de su casa. ¿Y Toni? Descubrió que es mucho mejor sonreír que ser un gruñón antipático.

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