Saltar al contenido
La ratita Mordisquitos – cuento para dormir

Cuentos para dormir

La ratita Mordisquitos

Dominika J.15 de junio de 20265 min de lecturapara preescolar

Había una vez un prado precioso. Las flores lo adornaban como la alfombra de arcoíris más bonita del mundo. Estaban justo en lo mejor de su floración. Los pajaritos revoloteaban alegres por allí y cantaban las canciones más bonitas.

Y, además, el solecito lo calentaba todo con sus rayos tibios de primavera. En su vallecito, la pequeña ratita Mordisquitos también disfrutaba del trino de los pajaritos y del sol calentito. Acababa de asomar el hocico por su diminuta madriguera, en un roble muy alto.

—¡Qué día tan bonito! —le dijo Mordisquitos a su amiga la mariquita, que había venido a saludarla. Los rayos del sol le calentaban su pelaje marrón y Mordisquitos estaba feliz con el buen tiempo.

La ratita se tumbó delante de su madriguera y se puso a charlar tan contenta con su amiga la mariquita. Y de repente, algo las interrumpió. No era nadie, ni tampoco ningún animalito. ¡Era un olor a comida y unas voces que se oían a lo lejos!

—¿Qué es lo que huelo? ¡Qué aroma tan rico…! ¿Qué será este olor? —se preguntó en voz alta Mordisquitos cuando su naricilla notó un olor delicioso. Aquel olor mágico tiraba de ella como un imán. Así que se despidió de la mariquita, cerró su madriguera con su llavecita de palo y, embobada con aquel aroma, fue dando saltitos con sus patitas por encima de las briznas de hierba y de las flores hasta llegar a un pequeño estanque. Allí estaba merendando una familia. ¡De allí venía el olor!

Una niña que se llamaba Simona comía pasas, y su mamá le daba un mordisco a un trozo de pan con queso. ¡Ese era el olor! ¡Un queso riquísimo! La familia disfrutaba del canto de los pajaritos y del buen tiempo.

Mordisquitos tenía que idear un plan para llegar hasta el quesito sin que la familia de la manta se diera cuenta, porque seguro que la echarían enseguida. ¡La gente, y hasta las moscas, le tenían miedo! Los animalitos se escondían de ella y las personas querían hacerle daño. ¡Y no solo ellos! ¡Una vez hasta un elefante enorme se asustó al verla! Por eso Mordisquitos tenía que ir con mucho cuidado. Pero aquel queso olía tan bien que no podía resistirse. Se acercó a la manta con mucho sigilo y, de pronto, ¡se le ocurrió una idea! Se escondió debajo de la manta y empezó a hacer ruiditos como un pájaro. ¡Y qué bien cantaba! Mordisquitos se puso a cantar como el pajarito más cantarín del mundo. Y nadie se fijaba en ella. Solo las abejitas que volaban por allí la miraban con la boca abierta. La verdad es que una ratita cantando no se ve todos los días. En ese momento, la pequeña Simona y su mamá se levantaron de la manta para buscar al misterioso pajarito que cantaba tan bonito. Mordisquitos aprovechó su oportunidad: dio unos saltitos por la manta hasta llegar al quesito, que estaba en un plato. Y seguía cantando tan alegre.

Ya casi iba a tomar un trocito de queso cuando Simona la interrumpió. ¡La había visto!

—Hola, amiguita, ¿quieres que lo compartamos? —susurró Simona, bajito para que su mamá, que seguía buscando al pajarito, no se diera cuenta. Mordisquitos, sorprendida y sin entender nada, asintió con la cabeza. Simona era una niña muy buena y le gustaba compartir, incluso con un animalito. Así que le dio con cuidado un trocito de queso. Mordisquitos lo tomó con mucho cuidado y le dio las gracias de todo corazón. Nunca había conocido a una persona tan buena. Se bajó de la manta despacito y, para despedirse, le dijo adiós con la patita a su nueva amiga. Y ella le devolvió el saludo. Entonces la ratita se dio cuenta de una cosa: no todas las personas son tan malas como ella creía. Por eso no hay que juzgar a nadie por lo que hacen los demás. Y además estaba contenta de que la niña no le hubiera tenido miedo.

Mordisquitos volvió a su vallecito y esa noche hubo un gran banquete en su madriguera. ¡Cómo iba a quedarse para ella sola el regalo de Simona, el queso entero! Invitó a toda su familia ratonil, ¡y no solo a ellos! En el banquete también estaban la mariquita y los demás amigos.

Valora el cuento

Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos para preescolar Fábulas

Comentarios

¿Qué te pareció el cuento?

No publicaremos tu correo. Leemos los comentarios antes de publicarlos.

¿Y ahora qué?

mismo tema y duración de lectura parecida

Cuento sorpresa

Muy lejos, detrás del bosque, completamente sola, hay una casita de madera pintada. Tiene unas cortinitas de colores preciosas en las ventanas, el tejado…

5 minpara preescolar

En un prado precioso había una granja. Y en aquella granja tan grande vivían el granjero y sus animalitos. Allí podías encontrarte caballitos pequeños,…

5 minpara preescolar

¿Sabéis qué es un reyezuelo? No es un rey pequeñito de cuento, sino un pajarito. Un pajarito normal y corriente, tan pequeño y discreto…

4 minpara preescolar