
Cuentos en audio
Los osos polares Nico y Rico
Nico y Rico eran dos osos polares. Vivían cerca del círculo polar ártico. Es un lugar donde todo el año hace muchísimo frío y hay nieve. Allí vivían muy a gusto, porque el frío y el invierno les encantaban. Pero como eran dos osos muy inquietos y muy listos, siempre estaban inventando algo. Un día hacían carreras en una cuesta, deslizándose barriga abajo, y otro día probaban a ver quién pescaba más peces o quién se escondía mejor en la nieve. Siempre encontraban algo que hacer: su imaginación no tenía fin. Vamos, que nunca se aburrían.
Un día, después de comer, estaban tumbados en un bloque de hielo que se mecía despacito sobre el agua helada, y pensaban qué podían hacer. —Me gustaría ver mundo. Ir a sitios lejanos. Saber cómo es estar donde siempre hace calor —dijo Nico, soñando despierto. —¡Eso sería genial! Pero ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo vamos a cruzar esta agua tan grande y tan fría, y pasar al otro lado de esas montañas de hielo que nos rodean? —se quedó pensando Rico.
Mientras los dos, tumbados en el hielo, le daban vueltas al viaje, a Nico se le ocurrió de pronto: —¡Vamos a construir un globo aerostático! Nos llevará adonde queramos. —A Rico la idea le encantó. Saltó enseguida a la orilla y empezó a buscar las cosas que hacían falta para construir el globo. Nico y él tenían su propio almacén, donde guardaban todo lo que encontraban y lo que les llamaba la atención. ¡Y por fin sus tesoros iban a servir para algo!
En unas pocas horas lo tuvieron listo. Sobre la nieve había un globo aerostático. Los dos osos se subieron despacito, encendieron el fuego y empezaron a calentar el aire para elevarse. Los primeros intentos fueron un poco torpes y desastrosos, pero al final despegaron. Se llevaron un mapa para llegar justo adonde se les había metido en la cabeza.
Sobrevolaron muchos sitios preciosos, conocieron animales que no habían visto nunca e hicieron amistad con otros osos. Un día también descubrieron un lugar donde hacía un calor increíble. Aterrizaron con el globo en la arena. Era una playa solitaria. El sol pegaba tan fuerte que a los osos les costaba hasta respirar, del calor que tenían. Probaron a ponerse de pie en la arena, pero les quemaba tanto las patas que no había quien lo aguantara. Volvieron a subirse deprisa a la cesta, se elevaron con el globo hasta lo más alto y, poco a poco, emprendieron el camino de vuelta a casa.
A pocos kilómetros de casa se metieron en una tormenta. Las nubes se amontonaron tan deprisa a su alrededor que los rayos y los truenos caían uno detrás de otro. No les dio tiempo ni a prepararse. El viento soplaba y zarandeaba el globo, y la lluvia les empapó la tela. Nico y Rico intentaron aguantar la tormenta, pero era más fuerte que ellos. Menos mal que justo estaban sobre el agua cuando un rayo alcanzó el globo y los dos cayeron al agua helada. El agua fría no les importó nada: ¡para algo eran del círculo polar! Nico no perdió la calma y, en un momento, encontró un gran bloque de hielo. Se subió a él y ayudó a su amigo Rico. Antes de que pasara la tormenta, llegaron en el bloque de hielo hasta casa.
Por la noche, los dos estaban ya tumbados en sus camitas, recordando cansados sus aventuras. Estaban felices de haber visto tantas cosas y de estar otra vez en casa. En el viaje se habían dado cuenta de que lo mejor de todo era haberlo vivido juntos.
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