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El hipopotamito y su cuidador – cuento para dormir

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El hipopotamito y su cuidador

Cuando llega la primavera, en la naturaleza pasan cosas muy grandes. Las flores se despiertan, los árboles se ponen verdes y entre los animalitos nacen crías. Una de esas crías nació también en nuestro zoo. Llegó al mundo un hipopotamito. Fue todo un acontecimiento y todos los animales del zoológico estaban contentísimos. Los cuidadores también estaban muy felices.

Con el paso del tiempo, el hipopotamito fue conociendo el mundo y la vida en el zoo. Era muy espabilado y lo aprendía todo enseguida. Su cuidador lo revisaba y lo observaba a menudo. Pero había algo que no le acababa de convencer. El hipopotamito seguía siendo demasiado pequeño y estaba siempre cansado. No crecía mucho. Solo bostezaba. Al cuidador aquello no le gustaba. Quería averiguar qué le faltaba al hipopotamito, así que no le quitaba ojo. Pero durante el día no pasaba nada raro. El hipopotamito comía, paseaba y pasaba el rato en el agua como los demás. Todo estaba bien. Así que al cuidador se le metió en la cabeza observar al hipopotamito también de noche. Al anochecer fue a su recinto y se quedó mirando qué pasaba.

Todos los hipopótamos dormían ya tan a gusto. Todos menos el hipopotamito. Intentaba cerrar los ojos y acomodarse, pero al ratito los volvía a abrir y daba vueltas nervioso por el recinto. No había manera de que se durmiera. —¡Así que por eso estás tan cansado y no creces! No duermes lo suficiente, amiguito —pensó el cuidador en voz alta mientras miraba al pequeño hipopótamo. Durante unas cuantas noches más pasó lo mismo. Todos dormían, y el hipopotamito, nada, que no se dormía.

El cuidador se acercó a su recinto. Miró con cariño al hipopótamo y le dijo con dulzura: —¿Qué te pasa? ¿Por qué no puedes dormir? El hipopotamito lo miró triste y cansado. Entonces el cuidador sacó un libro, se sentó en la hierba lo más cerca posible del recinto y dijo: —¿Sabes qué? Voy a probar una cosa. Cuando mis hijos no se pueden dormir, les leo un cuento. Y funciona. Voy a leerte algo y a ver qué pasa. El cuidador eligió un cuento bonito y empezó a leer. Al principio el hipopotamito lo miraba sin entender nada. Pero luego notó que de verdad se le cerraban los ojos. Se tumbó y escuchó. Le gustaba la voz tranquila del cuidador. Lo calmaba y le daba sueño. Al poco rato, el pequeño hipopótamo se quedó dormido. El cuidador sonrió y se marchó.

A la noche siguiente, el hipopotamito esperaba junto a la valla buscando con la mirada a su querido amigo humano. Estaba deseando que le leyera algo otra vez. El cuidador vio que el hipopotamito le esperaba con impaciencia. Así que se acomodó otra vez en la hierba y leyó. Y así fue todas las noches, hasta que el hipopótamo se hizo mayor. Cuando se enteraron los demás trabajadores del zoo, se rieron, se extrañaron y no daban crédito a lo que oían ni a lo que veían. Pero cuando vieron que el hipopotamito crecía estupendamente y tenía fuerza y energía de sobra porque dormía bien, se alegraron mucho y felicitaron al cuidador. Él mismo todavía hoy no sabe explicar por qué al hipopotamito le ayudó precisamente que le leyera cuentos. Pero tenía muy claro que haría todo lo posible para que sus animales estuvieran bien en el zoo.

¿Y el hipopótamo? Si supiera hablar, nos lo explicaría a todos. Porque un animal sabe muy bien cuándo una persona es buena y cariñosa. Nota cuándo alguien se preocupa por él. Y por eso estaba tan contento de tener a su cuidador, que tanto lo quería. Tenía una voz tranquila y le dedicaba al hipopotamito tiempo y cariño. Y eso era lo más importante. Y además, ¡leía tan bien!

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