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El Gran Pájaro de las nubes – cuento para dormir

Cuentos para dormir

El Gran Pájaro de las nubes

Dita T.28 de septiembre de 20264 min de lectura

El Gran Pájaro vivía en las nubes desde siempre. Tenía el nido en lo más alto de una nube enorme y esponjosa, que nunca se hacía más pequeña y que el viento empujaba sin parar. Aquella nube, blanca como la nieve, navegaba por el cielo con mucha elegancia, tan alto que a veces al Pájaro se le enredaban hasta las estrellas en las plumas.

Cuando el Gran Pájaro alzaba el vuelo, en la tierra empezaba a llover. Y cuando batía las alas con fuerza, el viento arrancaba las hojas de los árboles y se llevaba de los tendederos la ropa que no estaba bien sujeta con pinzas. Y cuando se enfadaba (porque todo el mundo se enfada alguna vez, ¿verdad?), en la tierra todos temblaban. Se desataba una tormenta tremenda: los truenos retumbaban hasta en los valles más lejanos y los rayos caían sobre las montañas más altas.

El Gran Pájaro solo tenía una pena. En su reino del cielo estaba completamente solo, y a veces deseaba muchísimo tener a alguien a su lado. Desde su nube blandita veía cómo, allá abajo, criaturas mucho más pequeñas se juntaban, se reían y lo pasaban bien. Y eso le dio una idea.

Un día, el Gran Pájaro bajó de las nubes, se posó en la tierra y se convirtió en una persona. Se instaló en una granjita en el fin del mundo, conoció a los vecinos e hizo amigos. Y llegaron días tranquilos y llenos de sol.

Pero al cabo de un tiempo, en toda la Tierra hacía un calor espantoso y todo estaba seco. El Pájaro se dio cuenta de que todos andaban preocupados. ¡Y no era para menos! Hacía mucho que no llovía, las plantas se secaban en los campos y las personas y los animales empezaban a tener sed. Al Pájaro, que ya llevaba un tiempo viviendo entre la gente, le dieron mucha pena. No quería dejar a quienes habían sido tan buenos con él y a quienes había llegado a querer tanto, pero no había otro remedio. Todo dependía de él. Tenía que volver.

Así que dejó de ser una persona, volvió a ser el Gran Pájaro y voló a su nido en la nube más grande. En cuanto alzó el vuelo, sobre los campos cayó una lluvia fresquita. La gente recogía el agua en barriles y las plantas volvieron a ponerse verdes y a crecer. El Gran Pájaro se sentía tranquilo y feliz al ver desde arriba a aquella gente tan contenta en el que había sido su hogar. Pero en el corazón le dolía un poquito haber tenido que despedirse de ellos.

Ahora, solo de vez en cuando, cuando echa mucho de menos su vida entre la gente, vuelve con ellos unos días. Y por eso, durante una parte del año, hace tanto calor y el cielo está despejado, sin una sola nube. Pero el Gran Pájaro ya sabe que no puede quedarse mucho tiempo. Al cabo de un tiempo vuelve a subir a las nubes para mandar a la gente la lluvia, sin la que no habría vida. ¡Porque a los amigos siempre se les ayuda!

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