
Cuentos para dormir
Donde no entra el sol, entra el médico
Érase una vez una reina a la que no le gustaba el sol. Solo salía muy temprano por la mañana y por la tarde, cuando el sol salía y se ponía, y aun así siempre con una sombrilla que le sujetaba encima de la cara una de sus criadas.
El resto del día lo pasaba dentro del castillo, con las cortinas echadas, para que no entrara ni un solo rayo de sol. —Los únicos que están morenos son los campesinos que trabajan en el campo. Tienen la cara marrón, casi negra, y yo nunca, nunca debo tener una cara así.
Y era verdad: la cara de la reina estaba pálida, casi transparente, y su salud iba cada vez peor. Estaba débil y no tenía ganas de comer, y más tarde ya no tenía fuerzas ni para levantarse de la cama.
El rey llamó a un montón de médicos, pero ninguno se atrevió a decir lo que le pasaba de verdad. Hasta que un día, viajando por su reino, el rey vio a una mujer trabajando en el campo. Era mayor que la reina y, aun así, aguantaba trabajando duro en el campo. ¡Y con qué ganas comía! Se comió tres rebanadas de pan con tocino, se tomó tres tazones de leche y luego volvió a trabajar.
El rey bajó del carruaje y fue a hablar con ella. —Abuelita, no te enfades, pero veo que ya tienes tus años y, aun así, trabajas, comes con ganas y pareces muy sana. ¿Qué haces? ¿A qué médico vas? ¿Qué medicinas tomas? La anciana se rio. —Donde no entra el sol, entra el médico. En cuanto me levanto, salgo fuera y me quedo al sol hasta que se pone. El sol me da vitaminas, y con esas vitaminas tengo fuerzas para trabajar, y cuando trabajo, me entra hambre.
El rey entendió lo que le faltaba a la reina. Volvió al castillo, arrancó las cortinas de todas las ventanas y sacó a la reina al jardín. —¡Nada de sombrilla! Vas a estar al sol todo el día. Y vas a plantar estas flores. Y luego te comerás la comida que te traigan. La reina protestó. ¿Ella, al sol? ¿Ella, trabajar con las manos? ¿Ella, comer tocino?
Pero después de unas horas al sol, empezó a recuperar las fuerzas. De repente le entraron ganas de hacer algo. Así que agarró una azadilla y cavó y cavó para poder plantar las flores. Y con tanto esfuerzo le entró tanta hambre que se lo comió todo. Así pasaron varios días, hasta que la reina se curó del todo. Y no le hizo falta ningún médico. Solo sol, trabajo y comida.
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