
Cuentos para dormir
Los osos se despiertan del invierno
Después del largo sueño de invierno, los osos del bosque por fin se despertaron. Tenían hambre, estaban cansados y un poco nerviosos, porque después de tantos meses durmiendo ya no les quedaba nada de comida.
—¡Tengo tanta hambre que me comería el bosque entero! —gruñó el oso Bruno, rascándose detrás de la oreja.
—Yo también me comería algo… ¡bueno, a lo mejor todavía más que tú! —añadió el oso Leo, que también se había despertado con mucho apetito.
Estaban buscando algo que comer cuando, de pronto, se encontraron con dos niños, Adán y Simona, que paseaban por el bosque. Los niños los miraron sorprendidos, pero en vez de asustarse, sonrieron.
—¡Hola, osos! Así que ya os habéis despertado, ¿eh? —preguntó Adán.
—Sí, pero tenemos mucha hambre y estamos un poco nerviosos —contestó Bruno—. ¿Nos podríais ayudar a encontrar algo de comer?
Simona se quedó pensando.
—¡Algo llevo en la mochila! —dijo, y sacó de la bolsa un trozo de pan y una manzana.
Los osos se miraron un momento, pero al final se sentaron y se echaron a reír.
—Vaya, vaya, nunca habíamos charlado así con unos niños —dijo Leo.
Al rato, los niños y los osos descubrieron que, aunque los osos son grandes y salvajes, pueden ser muy simpáticos cuando están de buen humor. Enseguida se hicieron amigos y se quedaron un ratito más charlando en el bosque.
Al final, los osos decidieron volver a su cueva a echarse otra siestecita.
—Hoy ha sido un encuentro estupendo —dijo Bruno—. Ahora nos vamos a dormir, pero os prometemos que tendremos muchas ganas de volver a veros.
Los niños sonrieron y volvieron despacito a casa, mientras los osos se quedaban dormidos tan a gusto en su cueva.
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