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La abejita Juanita y la burbuja – cuento para dormir

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La abejita Juanita y la burbuja

Dominika J.12 de octubre de 20263 min de lecturapara preescolar

En un prado lleno de florecillas moradas vivía, en una casita hecha de flores, una abejita pequeña llamada Juanita. Era una abejita muy trabajadora y muy apañada.

Las abejas son unos bichitos muy trabajadores que polinizan las flores. Juanita tenía una barriguita amarilla preciosa y unas antenitas negras muy alegres. Cada mañana, Juanita tomaba su cubito y salía volando a recoger polen de toda clase de florecillas perfumadas. Pero las que más le gustaban eran las campanillas. Volaba de flor en flor y recogía y recogía, para llenar su cubito. Era muy apañada y siempre conseguía llenarlo hasta arriba. Y cuando se ponía el sol, la trabajadora abejita Juanita volvía a su casita, pequeña y muy acogedora, para recuperar fuerzas para el día siguiente.

Una mañana se levantó, tomó su cubito para el polen, lista para ir a trabajar, cuando de repente… ¿pero qué es esto? Fuera caían unas gotas de lluvia enormes y el viento soplaba con todas sus fuerzas.
—¡Oh, no! ¡Ay, ay, ay! —se quejó, triste, la abejita Juanita—. ¿Cómo voy a volar ahora y polinizar las florecillas? —se dijo bajito, y agitó las alitas con tristeza.

Pero Juanita decidió que no se iba a rendir así como así. Aunque llovía y hacía viento, salió volando de su casita. Juanita intentaba esquivar cada gota como podía. Y entonces, de repente, del cielo empezó a caer una burbuja enorme. ¡Y caía derechita sobre la pequeña abejita Juanita!

—¡Socorroooo! ¿Hay alguien ahí? —gritaba Juanita, y se lamentaba mientras la burbuja gigante se le echaba encima. Con tanta lluvia y tanto viento, nadie oyó a la pequeña abejita. La abejita abrió los ojitos con miedo, pero… ¿qué pasaba? ¡Estaba atrapada en aquella burbuja enorme, con su cubito y todo! La burbuja volaba y volaba con ella, muy lejos, lejos de su casita y también lejos del prado. Juanita tenía mucho miedo, cuando de pronto, «¡plof!», la burbuja estalló y la abejita cayó al suelo. Juanita intentó salir volando, pero todavía estaba muy débil y cansada. No conseguía ni ponerse de pie.

Entonces, de repente, una niña pequeña y alegre, con un lazo morado enorme en el pelo, vio a la abejita tirada en el suelo. Se llamaba María. María sabía lo que tenía que hacer, porque su abuelo era apicultor y le había enseñado muchísimas cosas sobre las abejas.

María le llevó a Juanita un platito con agua y azúcar. Cuando la abejita Juanita recuperó fuerzas y se secó las alitas, el sol ya asomaba entre las nubes. La lluvia y el viento se habían ido. Juanita volvió a su prado con su cubito, pero antes agitó sus alitas brillantes delante de la ventana, para darle las gracias a María por el agua que le había devuelto las fuerzas. La niña le dijo adiós con la mano. Y así la abejita Juanita pudo seguir haciendo su trabajo, tan importante.

12 de octubre de 2026

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