
Cuentos para dormir
El oso que no podía dormir en invierno
Los osos duermen en invierno. Eso lo sabe cualquier niño. Pero había una vez un oso que se llamaba Miguel y que no tenía ninguna gana de dormir. ¿Y cómo empezó todo? Pues al principio, igual que con todos los demás osos.
Primero, Miguel se preparó las provisiones para el invierno. Durante todo el verano fue llevando comida a su cueva. Se remendó el edredón y se compró un pijama nuevo. Y luego, cuando llegó el momento, se acostó. Y se quedó tumbado. Y tumbado. Pero no podía dormir. Por mucho que diera vueltas. Por mucho que se acurrucara en el edredón. Nada funcionaba. Miguel no se dormía. Y entonces, de repente, oyó voces fuera. Bueno, voces no. Gritos. Gritos de alegría.
Apartó el edredón y salió corriendo. Quería ver quién lo estaba molestando, por culpa de quién no se podía dormir. Eran unos niños. Bajaban la cuesta en trineo y chillaban de alegría. Y, ¡quién lo iba a decir!, donde antes había hierba, ahora había una especie de hierba blanca. Era nieve. Miguel no había visto nunca la nieve, así que se puso contentísimo. Se revolcaba en ella y se la tiraba a los niños, que se quedaron pasmados. Y ellos gritaban: —¡Un osooooo! ¡En inviernoooo! ¡Y en pijamaaaa! ¡Mirad qué pijama tan gracioso lleva!
Los niños no le tenían miedo al oso. Le explicaron que era invierno y que en invierno suele haber nieve. Y que, cuando hay nieve, ellos se tiran en trineo, juegan a las bolas de nieve y hacen muñecos de nieve, y que si se portaban bien, después de Navidad hasta irían a esquiar, porque les iban a regalar unos esquís nuevos. Miguel no salía de su asombro.
Convenció a los niños para que le prestaran el trineo y les pidió que le explicaran qué eran esos esquís y dónde se compraban. Estaba enfadadísimo consigo mismo. ¡Se había pasado durmiendo un montón de inviernos! Y para nada. Podría haber estado tirándose en trineo, jugando a las bolas de nieve, haciendo muñecos de nieve y esquiando. Y pasándoselo en grande.
Y así fue como Miguel dejó de dormir en invierno. Si vivierais cerca de aquel bosque, podríais verlo todos los días del invierno esquiando, tirándose en trineo y hasta haciendo snowboard.
¿Y cuándo dormía Miguel? ¡Pues en verano, claro! Y no se arrepentía nada. El verano nunca le había gustado. No es fácil encontrarse con osos así. Pero creedme que existen. Y a lo mejor hasta en el bosque que hay detrás de vuestra casa.
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