
Cuentos para dormir
Cómo el topito conoció al rey de los animales
Muy hondo, pero muy muy hondo bajo tierra, dormía un topito pequeño y muy simpático que cada mañana salía escarbando a la superficie, donde vivía toda clase de aventuras.
En un prado donde florecían y olían de maravilla las flores silvestres, empezó a formarse un montoncito de tierra, del que de repente asomaron tres pelitos y luego un cuerpecito pequeño y redondito: ¡era el topito! El topito se estiró y bostezó. Pero nada más salir de debajo de la tierra, de pronto algo lo agarró por la barriguita y lo llevó por encima de una valla de madera. El topito voló muy alto por el aire y, de repente, ¡plaf!, cayó al agua, donde aquel ser lo había tirado. ¿Que qué había pasado? Pues que al topito lo acababa de atrapar un elefante con su larga trompa, lo había llevado por encima de la valla y luego lo había tirado al agua, que estaba muy fría.
Antes de que el topito pudiera salir del agua, se acercó al estanque un pelícano y se metió al topito en su enorme pico. El topito intentaba abrirle el pico al pelícano desde dentro, pero no lo conseguía. El pelícano se quedó quieto, porque notaba que algo se movía dentro de su pico, y eso no era nada normal. Cuando el pelícano abrió el pico, el topito saltó fuera enseguida y, bastante asustado, salió corriendo todo lo deprisa que le daban las patas.
Cuando ya estaba bastante lejos del pelícano, se sentó, se apoyó en una piedra enorme y quiso descansar. Pero de pronto la piedra empezó a moverse. Al final, la piedra resultó ser una tortuga que estaba metida en su caparazón descansando. Pero la tortuga, a diferencia del elefante y del pelícano, era muy simpática y se puso a charlar con el topito. Se le ocurrió llevar al topito sobre su caparazón hasta el mismísimo rey de los animales: el león.
El topito saludó al león y se puso a hablar con él. El león le enseñó al topito su rugido real, y el topito casi se queda sordo. El león incluso se ofreció a llevar al topito sobre su lomo, pero tenía que agarrarse fuerte a su melena. El león llevó al topito de vuelta hasta el elefante, al que le echó una buena bronca, porque no debía llevarse así como así cosas ni animales del otro lado de la valla. El topito y el león se despidieron y cada uno se fue por su camino.
El topito estaba muy cansado, pero también muy contento de haber vivido aquel día una aventura así. Le hacía mucha ilusión haber conocido al rey de los animales, y también a otros animales del zoo, y ya tenía ganas de volver al zoo.
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