
Cuentos para dormir
La jirafa Masha y el cocodrilo perdido
Hoy os voy a contar la historia de una jirafa altísima, a la que todos llaman Masha. A lo mejor os sorprende, pero Masha no vivió nunca en África, como suele pasar con las jirafas, sino muy lejos de allí, en la República Checa. Tenía un establo alto y espacioso, con una ventanita en el techo por la que podía mirar el cielo de noche y muchas otras cosas. Cada día venía a limpiarlo Juanito. Le ponía una buena capa de paja, le echaba agua limpia, le servía la comida y, además, le hacía mimos. Eso era lo que más le gustaba a Masha.
Una noche, mientras Masha miraba cómo las estrellas navegaban por el cielo, oyó un grito. «¿De dónde vendrá?», pensó, y miró bien a su alrededor. Cuando giró la cabeza hacia el estanque, vio a un pescador al que le temblaban las piernas como un flan. ¿Y sabéis por qué? Porque en la orilla se estaba desperezando un cocodrilo que acababa de salir del agua. «¿Cómo habrá llegado un cocodrilo a nuestro estanque?», pensó Masha.
¡No lo dudó! Estiró el cuello todo lo que pudo y agarró al pescador con los dientes por el abrigo, con cuidado para no hacerle daño. El pescador no salía de su asombro. Primero le salta un cocodrilo del estanque y, de repente, se encuentra entre los dientes de una jirafa. —¿Qué hacías en el estanque a estas horas, buen hombre? —le preguntó Masha riéndose. El pescador le explicó que estaba pescando, pero que ningún pez quería picar, y que seguramente se había quedado dormido. —¡Como para pescar algo! Si ese cocodrilo se los ha tenido que zampar todos —se rio Masha.
El pescador y Masha se pusieron a pensar juntos y decidieron llamar a los cuidadores de animales, para que se llevaran al cocodrilo adonde debía estar: a un zoo o a unos pantanos muy, muy lejanos. Al poco rato llegó al estanque un camión enorme con una caja de madera. Los cuidadores atrajeron al cocodrilo dentro con un buen trozo de carne. Cerraron la puerta con el cerrojo y saludaron con la mano a Masha, que lo miraba todo desde la ventana. El pescador, mientras tanto, iba sentado en su cuello para no perderse nada.
En cuanto el camión desapareció de la vista, el pescador se despidió de Masha y se fue a casa. Masha se acostó y ya no podía esperar a que llegara la mañana para contárselo todo a Juanito. ¿Se creerá lo que pasó aquella noche?
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