
Cuentos para dormir
El dinosaurio que no tenía amigos
Guille era un dinosaurito pequeño. Era verde de pies a cabeza, menos dos cuernecitos amarillos que tenía en la cabeza. Cada uno apuntaba hacia un lado. Guille se pasaba el día entero corriendo por ahí. Muchas veces se encontraba con un grupo de dinosaurios que jugaban al fútbol. Siempre corría hacia ellos, les quitaba el balón y se ponía a correr con él y a chutar a la portería.
Aquello no duraba mucho, porque los demás siempre lo echaban. Otras veces se encontraba con los hermanitos dinosaurio Pichi y Pachi, que echaban barquitos al arroyo. Guille quería jugar con ellos junto al agua, así que tomó carrerilla con todas sus fuerzas y saltó al arroyo. Todos los barquitos se hundieron. Pichi y Pachi miraron a Guille muy enfadados, se dieron la vuelta y se fueron.
En la guardería de los dinosaurios tampoco iba mejor. Cuando la dinosauria Maya tropezó en un paseo, Guille se rio de ella hasta que le dolió la barriga. Les quitaba los juguetes a los demás y les gritaba versitos feos.
En fin, Guille estaba solo y eso le ponía muy triste. No tenía amigos, porque no se portaba bien con nadie. No acariciaba a nadie, no abrazaba a nadie y no le prestaba sus juguetes a nadie. Nadie quería jugar con él. Le daba vueltas y más vueltas a por qué nadie lo invitaba nunca a jugar ni compartía con él la merienda. Estaba tan triste que hasta su mamá se dio cuenta de que algo no iba bien. Le preguntó a Guille qué le pasaba, y él se lo contó todo. Lo de los barquitos hundidos, lo del balón robado y lo de cómo se había reído de Maya en el paseo. Mamá lo escuchó con atención y, cuando Guille terminó, se agachó a su lado. Le dio un beso en la frente y le susurró al oído: —Si te portas mal con los demás y les haces daño, no estarán a gusto contigo y no querrán jugar contigo. No le hagas nunca a nadie lo que no te gustaría que te hicieran a ti.
Guille se pasó el resto del día pensando en lo último que le había dicho su mamá. Y es que de verdad no le gustaría que alguien le hundiera su barquito, se riera de él o le gritara cosas feas. Desde entonces tuvo muchísimo cuidado de ser bueno con todos y de no hacerle nunca a nadie lo que no le gustaría que le pasara a él.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de dinosaurios Cuentos para preescolar




¿Qué te pareció el cuento?