
Cuentos para dormir
Sara, la jirafa presumida
Entre las jirafas, un cuello largo era señal de belleza: cuanto más largo era el cuello de una jirafa, más guapa era. El cuello más largo de toda la comarca lo tenía una jirafa llamada Sara. Eso la convertía en la jirafa más guapa de todas. Y Sara lo sabía muy bien: estaba orgullosísima de su cuello y no lo ocultaba en absoluto. Trataba a las demás con aires de grandeza y por encima del hombro. Se burlaba de las jirafas de cuello más corto y solo era amiga de las que también tenían el cuello largo.
Pero no eran amistades de verdad. Las jirafas que eran amigas de Sara solo se sentían más seguras teniéndola de su lado. Esa era la única razón por la que eran sus amigas. En realidad no la querían y, en cierto modo, hasta le tenían miedo. Las demás jirafas, de las que Sara solo se burlaba, le tenían todavía más rencor. En fin, a nadie le gustaba aquella jirafa tan creída.
Un día, cuando Sara salió a pasear por la sabana con sus supuestas amigas, otra vez se burló de todas las jirafas de cuello corto con las que se cruzaba. —¡Pero si tú no me llegas ni a las pezuñas! —le dijo a una. —¿Cómo haces para llegar a las hojas de los árboles? —se rio de otra. Y así siguió durante todo el paseo. Sus amigas solo le daban la razón sin mucha convicción y la seguían en silencio.
Pero entonces pasó algo: Sara tropezó con un árbol caído, perdió el equilibrio y cayó al suelo de golpe. Sintió un dolor en el cuello: seguro que se lo había lastimado. Empezó a ordenar a sus amigas que la ayudaran. Pero ellas, por miedo, prefirieron salir corriendo. Sara se levantó como pudo. Le dolía el cuello, así que tenía que llevarlo doblado hacia delante.
El dolor le duró varios días, y durante todos ellos Sara tuvo que andar con el cuello doblado. Todas las jirafas se reían de ella: normalmente no lo habrían hecho, claro, pero querían devolverle a Sara lo mal que las había tratado. Sara se sintió humillada. Se dio cuenta de lo feo que se había portado con las demás jirafas. Y también comprendió que a sus amigas ella no les importaba lo más mínimo, porque la habían dejado allí tirada cuando se cayó.
Darse cuenta de todo aquello cambió a Sara por completo. Empezó a portarse mejor con las demás, dejó de burlarse de ellas y hasta encontró amigas de verdad. Y el cuello, al cabo de unos días, se le curó.
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