
Cuentos para dormir
El cocodrilo Rex
En el borde de la selva, donde los árboles llegaban hasta el cielo y los ríos se escondían entre ellos, vivía un cocodrilo que se llamaba Rex. No vivía dentro de la selva, sino en el río y en el pantano que había al borde de aquella selva tan espesa.
A diferencia de casi todos los cocodrilos, que son cazadores, Rex era muy simpático. Nadie le tenía miedo y tenía un montón de amigos en la selva, como la monita Kika o la ranita Lupe. Siempre se contaban historias o exploraban juntos los rincones de la selva.
Rex estaba tomando el sol sobre una roca calentita junto al río cuando un ruidito lo despertó. De los arbustos salió de un salto su amiga, la monita Kika, con cara de susto.
—¡Rex, ha pasado algo, tienes que ayudarme! —dijo asustada la monita al salir de los arbustos, mirando a su amigo cocodrilo—. Mi hermanita Nela se ha quedado atrapada en un árbol, está enredada y no sabe bajar —dijo con tristeza.
Rex no sabía todavía cómo iba a ayudar a su amiga, pero seguro que entre los dos se les ocurría algo.
—No te preocupes, Kika, yo te ayudo —la tranquilizó su amigo.
El cocodrilo se deslizó en el agua verde y nadó con elegancia río abajo, mientras la monita Kika lo iba guiando hasta donde estaba su hermanita. Kika se columpiaba entre los árboles por encima de él, porque nadar no se le daba muy bien y por los árboles iba más rápido que por el suelo. Lo llevó hasta el centro de la selva. Pronto llegaron al árbol donde la pequeña Nela, la hermanita de Kika, estaba enredada en las lianas que colgaban de una rama muy alta. Nela estaba asustada y no paraba de llorar.
—¡Ay, madre! ¡No tengas miedo, ya estamos aquí, te vamos a ayudar! —gritó Rex, y salió despacito del agua.
A Rex se le ocurrió un plan. Se puso junto al tronco del árbol, abrió su boca enorme y dijo: —Kika, tú sube y prueba a desenredar a Nela de las lianas. Si no puedes, intenta morderlas. Cuando las lianas se suelten, yo recogeré a la pequeña Nela en mi espalda —le explicó a su amiga monita.
Kika asintió y trepó al árbol alto como si nada. Llegó hasta su hermanita y le susurró que no se moviera y que estuviera tranquila. Nela lloraba de miedo, pero al final dijo que sí con la cabeza. Kika fue quitando liana tras liana, hasta que, con el último empujoncito, lo consiguió. La pequeña Nelita se soltó de las lianas y cayó, y cayó… Pero el cocodrilo Rex estaba preparado, y la pequeña Nela aterrizó justo sobre su ancha espalda. Nela soltó una risita de alivio. Detrás de ella llegó saltando también su hermana Kika.
—Gracias —dijo la monita Nelita con una sonrisa—. ¡Prometo que ya no subiré tan alto y tendré más cuidado! —les dijo Nela a su hermana y al cocodrilo.
—¡Claro que sí! Acordaos de que somos amigos y los amigos siempre se ayudan —les dijo Rex a las monitas, y les guiñó un ojo.
Y así, aquellos amigos siempre estaban ahí los unos para los otros. Rex sabía que, si le pasaba algo, las monitas estarían a su lado, igual que él con ellas. No todos los cocodrilos son tan simpáticos como él, y justo eso hacía a Rex tan especial. Vivía en los pantanos al borde de la selva, pero a menudo iba a ver a sus amigas las monitas al corazón de la selva, donde vivían juntos un montón de aventuras.
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