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El corzo que conoció a los niños – cuento para dormir

Cuentos para dormir

El corzo que conoció a los niños

Juanita N.25 de julio de 20262 min de lecturapara preescolar

Era principios de abril y la nieve ya se había derretido del todo. La familia de corzos de Bobito se había pasado casi todo el invierno en el bosque, pero ahora ellos también tenían ganas de salir corriendo a los prados que había encima del pueblo. Querían arrancar hierba fresca y revolcarse en ella.

Pero mamá corza le avisaba a su hijo: —Bobito, cuando quieras salir del bosque, me lo tienes que decir. Iremos siempre juntos, nunca puedes ir solo. Podrías encontrarte con personas, y a veces las personas les hacen mucho daño a los animalitos. —Bobito no lo entendía, pero obedecía a su mamá.

Hasta que un día mamá estaba dormida y él se aburría. «Solo voy a asomarme, solo un poquito desde detrás de los árboles», pensó. Y se asomó. Pero no solo desde detrás de los árboles. Siguió andando y andando, y atravesó también el prado que conocía de los paseos con mamá. Andaba y andaba, y de repente se dio cuenta. ¿Dónde estaba? ¡No conocía aquel sitio! ¿Cómo volvería con mamá? ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Quería estar con ella! Bobito vagaba por el bosque sin saber cómo regresar.

De pronto oyó voces. ¡Eran personas! ¡Justo de las que le había hablado mamá! Pero… ¿estas eran pequeñas? Pequeñas como él. Y qué vocecitas tan finas tenían. Se reían y cantaban algo. No podían ser malas. Seguro que no le harían daño. Bobito echó a correr hacia los niños, que estaban sentados en un tocón junto al camino y tenían en las manos algo redondo: una pelota. Bobito saltó de detrás de los arbustos y los niños se asustaron. Y Bobito también se asustó. Los niños dieron un chillido y Bobito pegó un brinco. Y luego se quedaron mirándose mucho, mucho rato. Ni los niños ni Bobito se atrevían a moverse. Hasta que una niña alargó la mano y le acarició el hocico a Bobito. Y a Bobito le gustó.

Pero en ese momento vio a su mamá, que lo miraba muy seria desde una lomita cercana. ¡Ay, mamá! ¡Rápido, con ella! Bobito ya no miró a los niños y salió corriendo hacia su mamá. Y ella le echó una buena regañina. ¡Es que no le había hecho caso!

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