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El cuento de las abejitas – cuento infantil

Cuentos para dormir

El cuento de las abejitas

Niki A.20 de julio de 20262 min de lectura

Cada año llegaba la primavera y, después, el verano. Era la mejor época, no solo para los niños, que adoran el sol y jugar al aire libre, sino también para la naturaleza, que se despierta. Y justo en esa época, las abejitas polinizan las flores.

En una ciudad vivían unas abejitas que cada año polinizaban muchísimas flores. Estaban contentas de poder ayudar a la naturaleza y, a la vez, recoger comida para ellas. Pero un año estaban todas tan cansadas que no tenían ninguna gana de polinizar.

—Escucha, Carla, tenemos que polinizar las flores, es lo que nos toca —le dijo la abejita Paula a su amiga.
—¡Pero si todavía hay tiempo, si solo estamos en mayo! —contestó la perezosa Carla, muy convencida.

Las abejitas empezaron a discutir sobre cuándo había que salir volando a las flores. Carla no tenía ganas, pero Paula hizo todo lo posible por convencerla.

—Bueno, vale, lo haremos como tú dices. —Por fin consiguió convencer a la abejita perezosa.

Al día siguiente, las abejitas durmieron bien, y por la mañana temprano se juntaron para trabajar, porque sabían que era su obligación. Carla venció su pereza. Por culpa de su pereza, las demás abejas de la colmena no la querían mucho y cuchicheaban entre ellas que Carla era una vaga tremenda que dejaba en mal lugar a todas las abejas. Por suerte, este año Carla se puso manos a la obra, y la naturaleza consiguió así una buena ayudante. Y resultó que la naturaleza estaba encantada con Carla, porque se esforzaba para que cada florecita quedara bien polinizada.

Llegó junio y todas las flores se pusieron radiantes.

—Mira, Carla, cuánto hemos trabajado para que todo esté tan bonito —dijo Paula.
—Ya lo creo, nos ha salido genial —asintió Carla, orgullosa.

Así fue como este año la naturaleza y las abejitas se pusieron de acuerdo. ¿Y qué pasará el año que viene? Ojalá Carla tenga ganas de trabajar también la próxima vez. Porque el descanso sabe mucho más dulce cuando el trabajo está hecho.

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