
Cuentos para dormir
Lo importante que es hablar
Igual que entre las personas es importante que hablemos unos con otros, también es muy importante entre los animales. Y así como las personas tenemos muchos idiomas, cada tipo de animal tiene su manera de hablar. Los perritos ladran, gruñen y gimotean. Los gatitos maúllan y ronronean. Los pajaritos cantan y pían. Pero también hay animales con una forma de hablar muy curiosa. Por ejemplo, los camellos. En lugar de hacer ruidos, escupen. No te rías, que no es broma: los camellos escupen de verdad. Y cuanto más lejos, mejor. Hablar es muy importante entre los animales. Lo entenderás con la historia que te voy a contar.
Pasó en un zoológico. A ese zoo iban a traer a un camello joven nuevo. Los cuidadores esperaban que conociera a alguna camella y que tuvieran camellitos juntos. Era todo un acontecimiento. Todos los trabajadores del zoo estaban deseando que llegara. Cuando por fin llegó el día, apareció un camión enorme y aparcó junto al recinto de los camellos. Las grandes puertas de atrás se abrieron despacio y de dentro asomó, mirándolo todo, el camello nuevo. Salió con cuidado y se fue paseando despacito por su nuevo hogar. Era precioso. Iba bien derecho. Sus jorobas se bamboleaban de maravilla en el lomo y llevaba la cabeza bien alta, orgulloso. Todas las camellas se lo comían con los ojos.
Los cuidadores estaban contentos de que todo fuera mejor de lo esperado. Pero entonces una de las camellas se acercó al camello nuevo y escupió bien lejos. El camello joven la miró, pero no hizo nada. Solo la miraba, sin entender qué hacía. —Venga, escupe tú también, y bien lejos. Demuestra que eres todo un camello —susurraban los cuidadores para sí mientras miraban lo que pasaba en el recinto. Pero el camello no hizo nada. La camella se marchó ofendida. El camello joven se le acercó, pero ella lo apartó de un empujón. Y se acabó la presentación.
Así pasaron unos cuantos días. El camello nuevo intentaba hacerse amigo de las camellas, pero no lo conseguía. Mientras no demostrara que sabía escupir lo bastante lejos, no les interesaba. Uno de los cuidadores lo estuvo observando tanto tiempo que al final el camello nuevo le dio pena. Decidió enseñarle. Iba a verlo todos los días y le enseñaba cómo tenía que escupir. Intentaba explicarle que era importante y que, si no lo hacía, las camellas no lo iban a querer. Solo con un buen escupitajo demostraría el camello que era todo un camello. Era muy gracioso ver al cuidador escupiendo y al camello mirándolo. Pero el cuidador no se rindió.
Después de varias semanas, el camello por fin lo entendió. Frunció el hocico y escupió. ¡Y de qué manera! Lejísimos y con ganas. El cuidador no cabía en sí de alegría. Enseguida mandó al camello con las camellas. —Ve a lucirte, amigo —le dio ánimos, y lo envió hacia ellas. El camello se fue acercando despacio a las demás. Era tímido, pero sabía que, si quería llamar su atención, tenía que demostrar lo que sabía hacer. Y escupió. Se puso bien derecho, muy orgulloso, y esperó a ver qué pasaba. Las camellas corrieron enseguida hacia él y empezaron a hacerse amigas suyas. El cuidador y el camello estaban muy contentos de que todo hubiera salido tan bien.
Así que hablar entre los animales es importantísimo, aunque a nosotros nos parezca gracioso. Las personas no nos escupimos, ni maullamos, ni gruñimos, porque sabemos hablar. Así que no te dé vergüenza y habla. No olvides nunca lo importante que es hablar con tus papás y con la gente que te quiere. Solo así serás un niño o una niña estupendos. Igual que el camello joven, gracias a su manera de hablar, se convirtió en todo un camello.
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