
Cuentos en audio
El delfín Flip y el momento justo
—¿Ya?
—No, todavía no.
—¿Y ahora?
—Aguanta un poquito más.
—¿Y ahora?
—Prepárate. ¡Ahora!
Y en ese momento, el delfín Flip saltó fuera del agua y enseguida volvió a hundir la cabeza entre las olas revueltas del mar. Y otra vez, y otra más. Las olas venían directas hacia él, y el delfín Flip se sentía como un pájaro. Como si volara sobre el mar.
Menos mal que había esperado a esas olas. Menos mal que había hecho caso a su mamá. Ahora podía disfrutarlas a tope y no lo lanzaban para otro lado. Arriba, fuera del agua, un arco bonito sobre la superficie y otra vez de cabeza al agua.
—¡Qué pasada! —gritaba Flip a los cuatro vientos mientras disfrutaba de las olas y del agua fresquita. Todos los delfines saben que hay que esperar a la ola buena. No hay que tener prisa. Solo así se toma la dirección correcta. Pero hay otra cosa para la que un delfín tiene que ser paciente y saber elegir el momento justo. Y eso el joven Flip lo descubrió hace poco.
Fue un día soleado de verano. El delfín Flip nadaba por el mar con sus amigos. Se mecía tan tranquilo sobre las olas cuando, de repente, apareció una sombra encima de él.
—Chicos, ¿qué es eso? —les preguntó Flip a sus amigos, mirando hacia la sombra.
—¡Es un tiburón! ¡Cuidado! —gritó el delfín más pequeño.
Flip y sus amigos se asustaron. Vieron que a su alrededor nadaba un pez enorme y fuerte. Les tapaba el sol con su gran sombra. Aquella sombra era del tiburón. Daba vueltas y más vueltas alrededor de Flip y sus amigos y les metía muchísimo miedo.
Todos los delfines pequeños entendieron que el tiburón no quería jugar con ellos. Sabían que era peligroso y que podía hacerles daño. Necesitaban protección. Necesitaban ser más y, en el momento justo, juntarse para defenderse. Así que empezaron a llamar. Todos hacían un sonido especial, uno que sus padres oían sin falta. Flip y sus amigos no dejaban de llamar, y el tiburón no dejaba de dar vueltas a su alrededor.
Al rato, vieron a lo lejos en el mar un grupo grande de delfines. Eran sus padres. Habían oído la llamada de sus hijos y nadaban a toda prisa para ayudarlos. Pero tenían que elegir el momento justo, juntarse y espantar al tiburón. Tenía que ver que eran muchos y que no le tenían miedo.
El tiburón rodeó a los delfines pequeños y se acercó a ellos peligrosamente. En ese momento, el grupo de delfines mayores se puso delante de los pequeños. Formaron con sus cuerpos una barrera tan grande que a los pequeños ni se les veía. El tiburón frenó su ataque. Estaba sorprendido: ¿de dónde había salido una defensa tan grande? Sabía que con aquello no podía. No podía atacar a tantos. Al rato bajó la mirada y se fue nadando. Cuando su sombra ya estaba bien lejos, todos respiraron aliviados.
Flip y sus amigos estaban felices de tener unos padres tan valientes y tan listos, y los delfines mayores estaban contentos de haberse mantenido unidos y de haber sabido elegir el momento justo para defenderse. Flip esperaba que, cuando fuera mayor, él también fuera así.
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