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El halcón que protegía a Jorgito – cuento para niños

Cuentos para dormir

El halcón que protegía a Jorgito

Hace mucho tiempo vivía en un castillo un pinche de cocina llamado Adán. Tenía una esposa que también servía en el castillo, y un día les nació un hijito, Jorgito. Por aquel entonces, en la torre del castillo anidaba una pareja de halcones, y justo en el mismo momento en que nació el pequeño, de uno de sus tres huevos salió un polluelo. El rey, que entonces todavía era muy joven, sabía lo de aquel nido. Le gustaba probar sabores nuevos, y un día le entraron ganas de comer huevos de halcón. Mandó bajar el nido y preparar los huevos para el desayuno.

Así que, a la mañana siguiente, el pinche subió a lo alto de la torre para quitarles los huevos a los halcones. Por suerte, en el momento justo apareció allí su bondadosa mujer.
—¡Adán! Si tocas esos huevos, me llevo al niño y no quiero volver a verte nunca más. Para que sepas lo que se siente cuando uno pierde a sus pequeños. ¡Los animales también tienen alma, no lo olvides!
A Adán se le llenaron los ojos de lágrimas. De rabia por lo que había querido hacer, y de emoción por lo sabia que era su mujer.

—Pero el rey ha pedido huevos de halcón. ¿Qué hago? —se lamentó. Su mujer le acarició la mejilla.

—Prepárale huevos de gallina y sazónalos de una forma especial. Nunca ha comido huevos de halcón, no se dará cuenta.
Tenía razón: no se dio cuenta. Después escondieron el nido para que el rey no lo viera.

Y como, tal y como ella había dicho, los animales también tienen alma, el papá halcón le dijo a su primer hijo:
—Esa mujer ha salvado a tus hermanos. Tú naciste a la misma hora que su hijo. A partir de ahora lo vigilarás hasta que le devuelvas a ella el favor. ¿Me has entendido?
El pajarito asintió, aunque todavía era muy pequeño y no podía entenderlo del todo. Pero la naturaleza es tan sabia que supo arreglárselas para que el pequeño halcón supiera exactamente lo que tenía que hacer.

Los dos crecieron: Jorgito y su halcón guardián. Jorgito aprendió el oficio de pinche de cocina, como su padre, y un día el rey le ordenó cocinar un pez muy extraño que no debía probar. Pero él desobedeció y empezó a entender el idioma de los animales. El rey lo descubrió y, como castigo, lo mandó a buscar a la princesa de los Cabellos de Oro.

El viaje no fue fácil, pero su halcón lo acompañaba, sin que el joven pinche lo supiera siquiera. Pronto se vio que Jorgito tenía buen corazón, como su madre. Antes de llegar al castillo donde vivía la princesa, ayudó a unas hormiguitas a las que se les quemaba el hormiguero, a un pececito que se había quedado atrapado en la red de unos pescadores, a una mamá cuervo a dar de comer a sus crías y a una mosca a la que devolvió la vida con agua de la vida. Todos los animalitos lo ayudaron a cambio a cumplir las tareas que le puso el padre de la princesa de los Cabellos de Oro.

Pero ¿cómo es posible que siempre aparecieran en el momento justo y en el lugar justo? Pues porque el halcón de Jorgito no paraba de volar de aquí para allá, avisando a los animalitos de las tareas. Era el halcón quien los guiaba para que lo ayudaran. Solo gracias a él, Jorgito superó todos los obstáculos e incluso pudo casarse con la princesa. Y con eso terminó el servicio del halcón a Jorgito. Ya estaban en paz.

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