
Cuentos para dormir
El pollito presumido
En un corral pequeñito, en medio de un pueblo, vivía un pollito. Aunque por el corral correteaban muchos más pollitos, este era el más amarillo de todos y se volvió también el más presumido, porque precisamente él era el pollito más amarillo. Andaba con el piquito apuntando al cielo y pensaba que todos los demás pollitos debían de tenerle envidia por aquel amarillo tan bonito. Pero en realidad los pollitos no le tenían ni pizca de envidia. Jugaban muy contentos juntos y no le hacían ni caso al pollito presumido.
El pollito presumido estaba tan cegado por su aspecto y su orgullo que ni siquiera se daba cuenta de que, en realidad, no tenía ningún amigo. Pero no le importaba, porque él era el más amarillo. Un día pasó algo inesperado. El pollito se despertó en el gallinero oscuro, picoteó medio dormido unos granitos de trigo, salió de un saltito al corral y se quedó parado en seco.
Resulta que los demás pollitos ya no eran amarillos, sino moteados, negros o rojizos, como suele pasarles a los pollitos cuando van creciendo. El pollito presumido se miró a sí mismo y descubrió con un susto que ya no era el pollito más amarillo, sino que también estaba moteado, igual que los demás. De repente, el pollito se dio cuenta de que el aspecto no significa nada. Pero como había sido tan presumido, no tenía amigos. Miraba triste a los demás pollitos y le entraban ganas de llorar.
De pronto, del grupo de pollitos que jugaban se separó otro pollito moteado y se acercó al pobre pollito solitario. Le guiñó un ojo muy alegre y le preguntó si quería ir a jugar con ellos. El que antes era presumido se quedó asombrado, pero dijo que sí.
Y cuando por fin estuvo jugando con los demás pollitos, decidió para sus adentros que nunca más volvería a ser presumido.
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