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La lechuza que quería cantar – cuento infantil

Cuentos para dormir

La lechuza que quería cantar

Mika K.12 de junio de 20263 min de lectura

En un bosque vivía una familia de lechuzas. Tenían tres lechucitas pequeñas: Verónica, Carolina y Susanita. Era una familia ejemplar. Cada tarde se despertaban, se lavaban con el rocío del anochecer y luego volaban a la orilla del bosque a cazar ratones. Cuando tenían bastante, volvían, y las lechucitas jugaban a pillar o se sentaban en el árbol a charlar.

Un día, a Carolina se le ocurrió una idea.

—¡Vamos a hablar de lo que seremos de mayores!

Sus hermanitas dijeron que sí, y Carolina empezó. —Cuando sea mayor, me buscaré un lechuzo guapísimo. Tendremos huevitos y luego lechucitas bebé.

—Qué bonito —dijo Susanita—, pero qué aburrido. Yo quiero recorrer volando todo el bosque. A ver, decidme, ¿a que es una idea fantástica? —suspiró soñadora.

—¿Y tú? —se volvieron las hermanas hacia Verónica.

—A mí me gustaría aprender a cantar.

Las hermanas se echaron a reír. —¿Cantar? ¡Qué tonta eres, Verónica! ¡Las lechuzas no saben cantar!

Verónica se enfadó. —¿Ah, no? Eso ya lo veremos.

Por la mañana, cuando toda la familia se fue a dormir, Verónica voló a la orilla del bosque. El sol estaba saliendo. Verónica se quedó en un árbol, mirando. Entonces la ramita en la que estaba sentada se balanceó. Se había posado en ella un mirlo, y empezó a cantar.

—¡Hala, qué maravilla! —aplaudió Verónica con las plumas—. ¡Enséñame a mí también!

El mirlo se extrañó, pero dijo que sí. Cuando por la tarde Verónica volvió a casa muy cansada, la estaban esperando sus papás, muy enfadados.

—¿Dónde estabas? ¡Te podía haber pasado algo! ¡Ya no vas a volar sola a ningún sitio!

—¡Estaba aprendiendo a cantar!

—Las lechuzas no cantan —decidió el papá, y se fue volando con toda la familia.

Verónica se quedó en casa. Estaba cansada, así que se durmió enseguida. Cuando se despertó, todavía no había nadie en casa, así que decidió ponerse a cantar. Pero la oyó su mamá.

—¡Hala, Verónica, qué bonito! ¿Sabes alguna más?

—No. No me dio tiempo a aprender más.

—No pasa nada —dijo su mamá—, mañana aprenderás una canción nueva. Yo iré volando contigo.

Y así Verónica fue feliz, porque podía cantar. Y su mamá fue feliz, porque Verónica era feliz. Aunque cantara como un mirlo.

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