
Cuentos para dormir
La limpieza de primavera en el robledal
En el robledal viven unos cuantos animalitos. Las zorras tienen allí sus madrigueras, los erizos sus camitas entre las hojas y las ardillas sus casitas en los árboles. Todos los animales viven allí muy bien juntos. Es como un pueblecito de animales entre robles. La alcaldesa de este pueblo del bosque es la lechuza. El animal más sabio del bosque. Vigila desde lo alto que todos los animalitos estén bien y que no pase nada malo.
Un día, la lechuza echó a volar por encima de los robles y fue anunciando por todos los alrededores: —¡Hoy empieza el concurso de la calle más limpia! Todos los animalitos escucharon con atención. Luego miraron sus callecitas, delante de sus casitas, y vieron que estaban de verdad hechas un desastre. Después del invierno habían quedado por todas partes muchas piedrecitas, agujas de pino y piñas. Y como la lechuza no quería que nadie se hiciera daño con tanto desorden, y además quería que el robledal estuviera bonito, convocó el concurso.
Todos los animalitos se pusieron enseguida manos a la obra. Agarraron sus escobas y empezaron a barrerlo todo. El trabajo les salía de maravilla. Algunos hasta cantaban mientras barrían. Estaban contentos de lo bonito que empezaba a quedar su pueblo. Y también tenían mucha curiosidad por saber qué premio tendría la lechuza para el ganador. Todo iba sobre ruedas cuando, de repente, entre los animalitos se colaron unas comadrejas traviesas. Ellas también querían el premio y tenían muchísimas ganas de ganar el concurso. Pero, a diferencia de todos los demás, querían hacer trampa. Y eso es lo que hicieron.
Mientras todos llevaban honradamente lo que habían barrido al vertedero, detrás del bosque, las comadrejas traviesas tiraban todo lo que barrían en las madrigueras recién excavadas de los topos. Y como no tenían que llevar nada a ninguna parte, fueron las primeras en terminar. Al poco rato se oyeron por el bosque unos gritos de alegría y de burla: —¡Hemos ganado! ¡Somos las primeras en terminar y lo nuestro es lo más bonito! ¡Vamos a por el premio! ¡Hurra!
Las burlas de aquellas comadrejas tramposas se oían por todo el bosque. Los animalitos se quedaron de piedra. No entendían nada. ¿Cómo era posible que las comadrejas, que habían empezado tarde, hubieran terminado las primeras? Cuando las comadrejas fueron a recoger el premio, la lechuza solo movía la cabeza. —¿Estáis seguras de que os merecéis el premio? ¿De que habéis ganado limpiamente? —les preguntó la lechuza una última vez. —Sí. ¡Claro que sí! —contestaron las comadrejas.
Pero no sabían que la lechuza había estado mirando todo el rato cómo trabajaban los animalitos. Volaba en silencio en círculos sobre el pueblecito de los robles y veía cómo trabajaba cada uno. Y, por supuesto, también había visto cómo hacían trampa las comadrejas. Así que se las llevó al bosque, a las madrigueras de los topos. Estaban tan tapadas que casi nadie podía adivinar dónde habían estado. La lechuza batió las alas con fuerza. Las hojas y las agujas de pino se levantaron y salieron volando de los agujeros. —¿Y esto qué es? —preguntó entonces la lechuza alcaldesa a las comadrejas. Y señaló el montón de basura esparcida. —Eso ya estaba aquí. Mmm…, es que, bueno…, no sabemos de dónde ha salido —se excusaban las comadrejas, hablando todas a la vez.
La lechuza se puso triste, porque, aunque las habían pillado, las comadrejas no eran capaces de reconocerlo. Pero la lechuza era el animal más sabio del pueblo de los robles, y por eso no lo dejó pasar. En lugar de premio, les mandó a las comadrejas recoger no solo la basura que habían tirado en las madrigueras de los topos, sino también ayudar a todos los demás animalitos a limpiar sus calles. Y ella, como buena alcaldesa justa, lo vigiló todo.
Por la noche, cuando ya estaba todo terminado, todos los animalitos celebraron como premio un gran banquete. Trajeron las cosas más ricas y charlaron y comieron juntos. ¿Y las comadrejas? Como al final fueron las que más trabajaron, también pudieron sentarse a comer con los demás. Y nunca más se les olvidó que hacer trampas y mentir no trae nada bueno.
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