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Las aventuras del escarabajito Nico – cuento para niños

Cuentos para dormir

Las aventuras del escarabajito Nico

En un jardín verde, lleno no solo de flores, sino también de toda clase de bichitos, vivía un escarabajito que se llamaba Nico. Era un escarabajo pequeñito, con las alas brillantes y el cuerpecito marrón.

Aunque era tan pequeño, tenía grandes sueños y le encantaba explorar cada rincón del jardín donde vivía. Sentía curiosidad por saber qué se escondía en cada sitio y qué secretos y lugares guardaba su jardín. Pero desde el suelo era difícil descubrir los rincones escondidos del jardín, y él quería verlo todo desde arriba.

Una mañana, Nico decidió cumplir su sueño. Salió de su casita y se fue al jardín. Iba paseando entre las briznas de hierba verde, donde brillaba el rocío de la mañana, cuando de pronto se encontró con una mariposa preciosa que revoloteaba junto a las flores. Nico admiraba sus bonitas alas rosas y deseaba poder volar libre y alto como ella. Él también tenía alas, sí, pero no podía volar tan alto. Solo sabía dar un saltito desde el suelo y volar un poquito.

—¡Hola, soy Nico! —exclamó el escarabajito, y saludó a la mariposa con sus patitas diminutas.

—Hola, yo soy Ela —respondió la mariposa, y se posó con elegancia sobre una margarita.

—¿Qué te trae hoy por aquí? —le preguntó Ela al escarabajito con curiosidad.

Nico se quedó pensando: quería explorar el jardín, pero desde el suelo no era nada fácil. —Quiero ver todo el jardín desde arriba, pero no puedo volar tan alto como tú —dijo el escarabajito con tristeza.

La mariposa sonrió con cariño. —¿Y por qué no subes hasta lo alto del gran girasol? Es la flor más alta de todo el jardín. ¡Desde allí tendrás unas vistas preciosas! —le aconsejó Ela, muy sabia. A Nico no se le había ocurrido. ¡Pero si era una idea estupenda! Subirse a los árboles le daba miedo, porque ya se había caído muchas veces, y además desde allí tampoco se veía bien el jardín. ¡Pero trepar por un girasol seguro que sí podía!

El escarabajito estaba ilusionadísimo con el consejo de Ela, así que se puso en camino hacia el girasol, que se alzaba muy alto. Fue un viaje largo y sus patitas empezaban a cansarse, pero estaba decidido. Las ganas y los rayos alegres del sol lo empujaban hacia delante. Por el camino se encontró con su amigo y vecino, el hormiguito Andrés, que llevaba un trocito de hoja al hormiguero que había al lado de la casita de Nico.

—¡Hola, Nico! ¿Adónde vas? ¿Necesitas ayuda? —le preguntó Andrés, y dejó la hojita a su lado. El escarabajito sonrió. —Hola, estoy intentando llegar a lo alto del girasol para ver todo el jardín —le explicó Nico a la hormiga.

¿Y cómo seguirá este cuento? ¿Llegará el escarabajito al girasol que tanto desea y verá todo el jardín? ¿Le ayudará su amigo, el hormiguito Andrés? Eso, queridos niños, lo sabremos en la próxima parte del escarabajito Nico.

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