Saltar al contenido
Molly explora el bosque – cuento para dormir

Cuentos en audio

Molly explora el bosque

Érase una vez una granja donde, además del viejo granjero y su familia, vivían el perrito Max, que era su guardián, y muchos otros animalitos. Allí había gallinas, caballos, vacas y también terneritos pequeños. Los terneritos tenían para ellos un prado muy grande donde les encantaba pastar. Todo lo descubrían y todo les maravillaba: las briznas de hierba, las gotas de lluvia, las florecitas de colores o los bosques tan bonitos que había alrededor.

—Podríamos ir a explorar el bosque algún día. Siempre miramos los árboles de lejos, y aquí estamos encerradas; solo podemos salir con el granjero o con las otras vacas —le propuso la ternerita más pequeña, Molly, a su hermanita Dony. Pero a Dony le daba miedo explorar el bosque de al lado. Estaba muy a gusto en la granja con mamá y los demás animalitos. A ella las aventuras no la tentaban tanto como a su hermana, tan curiosa.

Mamá vaca las oyó hablar del bosque y la idea no le gustó nada. Con el granjero estaban a salvo, y en el bosque había muchos peligros. —El bosque no es seguro para vosotras. Aquí, en la granja, estamos protegidas: nos cuida el granjero y también el perrito Max —les dijo su mamá, y cortó por lo sano la idea de Molly. Pero a Molly no le gustó nada lo que dijo mamá. ¡Si ella era un animal, seguro que en el bosque no le pasaría nada! Era valiente y sabría arreglárselas. En el bosque también vivían otros animales, y seguro que no tenían miedo. Molly soñaba con explorar algún día todos los rincones del bosque.

Una noche muy oscura, cuando todos dormían y la granja solo estaba iluminada por la luna y por las estrellitas que bailaban en el cielo, Molly se escapó a escondidas. Sabía que mamá se lo había prohibido, pero tenía demasiada curiosidad. Pasó sin hacer ruido por encima de la cerca y, como era chiquitita, lo consiguió a la primera. Pasó de puntillas junto a Max, que roncaba delante de los establos; desde allí vigilaba los establos, la casa y toda la granja. «No puedo despertarlo, seguro que me mandaría de vuelta a la cama», pensó la ternerita. Y se fue calladita hacia el bosque. Se asomó entre los árboles y, paso a paso, se adentró en la oscuridad. No tenía miedo y la oscuridad no le importaba. Mientras admiraba los árboles altísimos, las hojas crujían bajo sus patitas y la luna asomaba entre las ramas.

—¡Anda, una ardilla! Creo que la he despertado, ji, ji —dijo Molly bajito al ver a una ardilla saltando de rama en rama. Y justo entonces oyó un ruido entre los arbustos. Dio un paso atrás y se asustó un poquito: ¿qué podría ser? «Seguro que no es nada, yo no tengo miedo», se dijo para sus adentros. De repente, de los arbustos salió un erizo pequeñito que corría todo lo deprisa que podía.

—Uf, solo es un erizo —suspiró la ternerita, y sonrió. —No, no lo es —gruñó algo entre los arbustos. De pronto apareció delante de la ternerita un lobo grande y terrorífico. —Vaya, veo que te has perdido en lo más hondo de mi bosque —dijo el lobo burlón, y se le caía la baba. La pequeña Molly no pudo decir ni pío. Sin pensárselo, se dio la vuelta y echó a correr todo lo rápido que le permitían sus patitas. Pero el bosque estaba cada vez más oscuro, y cuando la luna se escondió detrás de las nubes, Molly ya no supo encontrar el camino de vuelta a la granja.

—¡Corre! —se oyó de pronto detrás de ella. Era Max, con el granjero y su hijo, que llevaba una horca. Max ladraba, y el granjero llevó a la ternerita de vuelta a la granja. Max y el hijo del granjero consiguieron espantar al lobo, aunque el perrito se hizo una pequeña herida en una pata. —¡Ha sido una irresponsabilidad! Max está herido, ¡y a ti te podía haber pasado algo de verdad! —dijo mamá vaca muy enfadada cuando todos volvieron a la granja. —Ya lo sé, lo siento mucho —dijo Molly muy triste, y le caían lagrimitas por la cara. Empezaba a amanecer, y Molly se dio cuenta de que, por culpa de su curiosidad, quizá no habría vuelto nunca del bosque si el granjero y el perrito no la hubieran salvado. Pidió perdón a todos, prometió tener cuidado y entendió que con el bosque no se juega.

Es importante hacer caso a las mamás, porque ellas solo quieren lo mejor para nosotros. Max se curó enseguida y Molly le ayudaba por las noches a vigilar la granja. Y con Dony descubría las maravillas de la granja; lo de explorar el bosque, mejor lo olvidó.

Valora el cuento

Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos de perros Cuentos del bosque Cuentos para preescolar

Comentarios

¿Qué te pareció el cuento?

No publicaremos tu correo. Leemos los comentarios antes de publicarlos.

¿Y ahora qué?

mismo tema y duración de lectura parecida

Cuento sorpresa

Queridos niños, la señora Otoño ya ha llegado del todo, y a nuestro alrededor revolotean hojitas de colores que van cayendo despacito al suelo.…

4 minpara preescolar

Niños, seguro que os acordáis del pequeño perrito Alegrito, que vivía en la calle y nunca había tenido a nadie. Su única casa era…

4 minpara primaria

En medio de un bosque muy espeso había un estanque pequeñito. A su lado se alzaba una roca cubierta de helechos tupidos. Y detrás…

3 minpara preescolar