
Cuentos en audio
Luki, el tejón tímido
En un bosque vivían muchos animalitos distintos. Iban juntos a la escuela infantil y a la escuela del bosque, y por las tardes corrían por el bosque y jugaban juntos.
Un día, también el tejón Luki tuvo que ir a la escuela. A él lo que más le gustaba era pasarse el día metido en su madriguera; solo salía de noche, cuando en el bosque no había tanto jaleo. Y así, por la mañana, el tejón tímido se puso en camino hacia la escuela.
Al rato se encontró con la ardilla Vero.
—¡Hala, hola, Luki! —lo llamó.
Luki se asustó. Se quedó quieto como una estatua un momento y luego salió disparado a esconderse debajo de un tocón arrancado.
—No me tengas miedo, soy Vero y voy a ir contigo a la escuela —le dijo la ardilla.
Luki sacó con cuidado la cabeza de su escondite, pero seguía sin poder decir ni una palabra.
La ardilla lo tomó de la patita y lo llevó a la escuela.
En el claro de la escuela ya los esperaba la vieja lechuza, que allí hacía de maestra.
—¿Quién ha venido a vernos? —preguntó la lechuza, mirándolos.
La ardilla dio unos saltitos hasta ponerse delante de los tocones donde estaban sentados los animalitos, como si fueran pupitres, hizo una reverencia y dijo: —Buenos días, soy la ardilla Vero, del roble alto, y voy a venir con vosotros a la escuela.
—Bienvenida a nuestra escuela, Vero —dijo la lechuza—. ¿Y quién es este amigo tuyo?
Luki se puso despacito delante de la clase, pero no le salió ni un ruidito. Le empezaron a temblar las patas y ya estaba mirando a su alrededor buscando dónde esconderse. No había ningún escondite bueno, así que se metió debajo de las hojas caídas. Los animalitos se reían bajito.
—Venga, no os riáis —los regañó la lechuza—. Nuestro nuevo amigo es tímido y seguramente le da vergüenza estar delante de vosotros. Es de lo más normal. Muchos de vosotros, cuando vinisteis por primera vez a la escuela, os portasteis igual.
Vero sacó al tejón Luki de debajo de las hojas, se puso a su lado y dijo: —Este es mi amigo, el tejón Luki, de la madriguera del bosque, y va a venir con nosotros a la escuela. Sed buenos con él. Cuando llegue el momento, seguro que empieza a hablar.
—Qué bien lo has dicho, ardilla Vero —dijo la lechuza.
Los animalitos se sentaron y escucharon a la gran lechuza. Les habló del invierno que se acercaba y les enseñó qué frutos tenían que recoger para tener comida en invierno.
Cuando terminó la escuela, el tejón se acercó a Vero.
—Gracias, Vero —dijo bajito.
—De nada, Luki. Todos necesitamos tiempo para acostumbrarnos a algo nuevo. Como tú a los compañeros y a la escuela. Hay quien se acostumbra rápido y a quien le cuesta más. Es normal. A mi hermanita le pasó algo parecido, por eso lo sé —dijo la ardilla.
El tejón Luki se puso atento. No tenía ganas de hablar, pero la curiosidad pudo más.
—¿Y tu hermanita ya no tiene miedo?
—No, ni pizca. Todos fueron muy amables con ella y le dieron todo el tiempo que necesitó. Cuando se acostumbró, empezó a hablar por los codos y ahora tiene un montón de amigos.
Al tejón Luki eso le bastó. Aunque todavía tenía miedo y no le apetecía hablar con nadie, se alegró de saber que con el tiempo se acostumbraría.
Y de verdad, al cabo de unas semanas, el tejón Luki ya no tenía miedo ni vergüenza en la escuela, saludaba a todos bien alto y hasta charlaba con los demás animalitos. Pero su mejor amiga para siempre siguió siendo la ardilla Vero, con la que también se veía después de la escuela. Iban juntos a buscar frutos caídos y los guardaban para el invierno, para pasarlo bien a gusto hasta la primavera.
Cuentos cortos Cuentos de animales Cuentos del bosque Cuentos para primaria Cuentos sobre la escuela Fábulas




¿Qué te pareció el cuento?