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La excursión nocturna de Susanita al bosque – cuento para dormir

Cuentos para dormir

La excursión nocturna de Susanita al bosque

Juana K.10 de junio de 20265 min de lectura

Una vez, en una casa, pasó una cosa muy curiosa. Aquella casa estaba muy cerquita del bosque. En realidad, del bosque solo la separaban una valla y el camino que había justo detrás. Allí vivía una familia feliz: mamá, papá, la abuela, el abuelo y la pequeña Susanita.

En casa todos querían muchísimo a Susanita, y ella se lo agradecía como mejor sabía: cantaba, bailaba, hacía travesuras y un montón de cosas más que se le ocurrían a su cabecita. Y, por supuesto, la pequeña Susanita también quería muchísimo a mamá, a papá, a la abuela y al abuelo.

Los juegos y las travesuras de Susanita no tenían fin. Nada más abrir sus grandes ojos azules, ya sonreía y estaba lista para seguir jugando. Pero Susanita también tenía sus obligaciones. La más importante y la que más le gustaba era cuidar de un perrito pequeño que le habían regalado al cumplir cinco años. El perrito todavía no tenía nombre, porque Susanita no se decidía por cuál le quedaría mejor.

Susanita jugaba siempre en el mismo sitio: por todo el patio que rodeaba la casa. Era muy grande y tenía una valla alrededor. Mamá y papá le recordaban de vez en cuando que no podía salir sola al otro lado de la valla.

Una tarde, toda la familia andaba muy atareada. Todos, también Susanita, iban de acá para allá haciendo lo que les tocaba. A Susanita le tocaba jugar muy contenta. De pronto se dio cuenta de que la puertecita de la valla estaba abierta y de que su perrito sin nombre había salido corriendo tan feliz y se dirigía al bosque. Susanita no le dijo nada a nadie y salió corriendo detrás de él. El perrito se metía cada vez más en el bosque, y Susanita detrás, cada vez más lejos de casa. De repente el perrito se paró y, cuando Susanita lo alcanzó, se dio cuenta de que alrededor ya era noche cerrada. En el cielo había salido la lunita, y con ella las estrellitas, que iluminaban todo el cielo. Susanita se puso triste un momento, pero luego les sonrió a la lunita y a las estrellitas. Y aquella sonrisa hizo que la lunita y las estrellitas brillaran todavía más. Los rayos del cielo empezaron a reflejarse en las gotitas de rocío de la hierba y de las hojas de los árboles. Centelleaban como si todas señalaran hacia el mismo lado. Eso lo vio el perrito de Susanita. Le gustó muchísimo, así que salió corriendo detrás de aquellas chispitas para atraparlas con el hocico. Y Susanita corrió otra vez detrás de él. Y esta vez el perrito la sacó del bosque y la llevó derechita a su patio.

Cuando Susanita y el perrito entraron corriendo en el patio, vieron las caras tristes de toda su familia. En cuanto mamá, papá, la abuela y el abuelo vieron a Susanita con el perrito, se les iluminó la cara de alegría. Y es que, al darse cuenta de que Susanita y el perrito habían desaparecido, se habían puesto a buscarlos por todo el patio y alrededor de la casa. Habían mirado por todos los alrededores, y mientras tanto se había hecho de noche y en el cielo habían salido la lunita y las estrellitas. Justo iban a salir hacia el bosque cuando entró corriendo en el patio Susanita, a la que había traído de vuelta su amigo el perrito.

Aquella noche, Susanita durmió como un lirón. Por la mañana, cuando se despertó, papá se la llevó aparte. No hablaron mucho rato. Papá le explicó a Susanita que no podía salir sola al otro lado de la valla por nada del mundo. Esta vez se lo perdonaba, pero si volvía a pasar, no se libraría de un castigo.

Luego todos se sentaron a desayunar y Susanita les contó su aventura. Lo del perrito que se escapó, lo de la lunita y las estrellitas, lo de las gotitas de rocío y los rayos que centelleaban desde el cielo estrellado. Cuando Susanita terminó de contarlo, papá propuso que el perrito se llamara Rayito, para acordarse de lo que había pasado el día anterior, y para que no volviera a ocurrir.

Y ya, para terminar, el abuelo añadió que es bueno tener amigos, porque los amigos siempre ayudan, igual que a Susanita la había ayudado su perrito Rayito.

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