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¡Alegrito tiene familia! – cuento para dormir

Cuentos para dormir

¡Alegrito tiene familia!

Dominika J.7 de octubre de 20264 min de lecturapara primaria

Niños, seguro que os acordáis del pequeño perrito Alegrito, que vivía en la calle y nunca había tenido a nadie. Su única casa era una cajita de zapatos. Un día de verano fue al parque y oyó a alguien pedir ayuda. Era una gatita que se había quedado atrapada en lo alto de un árbol y le daba miedo bajar. Y fue precisamente Alegrito quien ayudó con mucho valor a la gatita pelirroja. Hoy vamos a ver cómo sigue la historia.

Cuando bajaron del árbol, Alegrito dejó a la gatita con cuidado sobre la hierba. Pero la gatita seguía temblando de miedo. Alegrito estaba desgreñado y un poco sucio, y tenía el pelo más gris de mugre que marrón, pero aun así se acurrucó junto a la gatita para abrazarla y tranquilizarla.

—No tengas miedo, ya estás a salvo —ladró Alegrito, y le dio calorcito con su cuerpo.

—¡Gracias, eres mi héroe! —maulló la gatita, y apoyó la cabecita en el perrito.

—¡Aquí estás! ¡Mi gatita Lily! ¡Por fin te encuentro! —Una niña llegó corriendo hasta Alegrito y la gatita. Tomó a la gatita en brazos y empezó a acariciarle el pelaje pelirrojo. La niña estaba feliz de haber encontrado por fin a su gatita, que se le había escapado.

Solo entonces se dio cuenta Alegrito de que aquel collar rosa que llevaba la gatita al cuello quería decir que Lily tenía casa.

—¿Y tú quién eres? —le preguntó la niña a Alegrito, el perrito que había salvado a su gatita. Pero a Alegrito le daba miedo la niña. No se fiaba mucho de las personas, así que solo la miraba con tristeza y movía la colita con timidez. La niña, en cambio, no le tenía nada de miedo. Se acercó y le acarició el lomo. Se fijó en que Alegrito no llevaba collar y en que estaba muy sucio. Pero eso a ella no le importaba, y siguió acariciándolo. Veía que a su gatita Lily el perrito le caía muy bien.

—¡Mamá, mamá! ¿Nos lo podemos llevar a casa? —La niña corrió hacia su mamá y señaló a Alegrito, que seguía sentadito debajo del árbol, muy tímido.

Mamá se lo pensó y se lo pensó, y al final dijo que sí. Pero le explicó a la niña que un perro es una gran responsabilidad y que tendría que cuidarlo bien. La niña dijo que sí muy contenta. No sabía nada de la hazaña de Alegrito, pero tenía clarísimo que quería quedarse con el perrito.

Mamá tomó en brazos a la gatita Lily, la niña envolvió a Alegrito en una mantita y se lo llevaron al coche. Luego lo llevaron al veterinario, que lo revisó y lo vacunó para que estuviera sano. Alegrito tenía mucho miedo, pero la gatita Lily confiaba en su niña, así que el perrito decidió confiar en ella también.

Después, la familia se fue a casa. Allí Alegrito se dio cuenta de que por fin tenía un hogar. Cada día, la niña le demostraba cuánto lo quería. Aunque al principio el perrito tenía miedo, la niña se esforzaba para que Alegrito estuviera a gusto. Le daba de comer, le tiraba la pelota, se bañaban juntos en la piscina y vivían un montón de aventuras. Con la gatita Lily y la niña, que se llamaba Teresita, formaban una pandilla inseparable.

Y así, el perrito Alegrito consiguió por fin lo que de verdad necesitaba y buscaba: un hogar y mucho cariño.

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