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¿Quién vive en el hueco del árbol? – cuento para niños

Cuentos para dormir

¿Quién vive en el hueco del árbol?

Bárbara S.14 de mayo de 20263 min de lecturapara preescolar

Todos los días Anita iba al bosque. Paseaba por el musgo, charlaba con los árboles, recogía setas para la sopa y piñas para la estufa. Conocía cada senderito, cada mata de arándanos y cada raíz. Creía que ya nada podía sorprenderla. ¡Y sin embargo!

Un día se dio cuenta de que uno de los pinos viejos del final del bosque tenía en el tronco un agujero negro enorme. Anita se asustó. ¿Y si alguien le había hecho daño al pobre árbol? ¿Y si alguien había escarbado o picoteado aquel agujero? A Anita le dio muchísima pena el viejo pino. Todavía se acordaba de lo que le dolió la rodilla cuando se cayó de la bici y se hizo un raspón. Y eso que su herida no era ni de lejos tan grande como la del pobre pino.

No se lo pensó dos veces y echó a correr por el bosque en busca del pájaro carpintero. ¡Él es el médico del bosque! Entiende de árboles y les cura los males. —¡Señor Pájaro Carpintero! —gritaba Anita a pleno pulmón. 

No tardó mucho en encontrarlo. Estaba posado en el tronco de un roble enorme, dale que te pego, picoteando sin parar. Anita tuvo que esperar a que terminara su trabajo y luego se lo soltó todo de golpe: —Allí, en aquel pino viejo, he encontrado un agujero enorme. Venga a verlo, por favor, ¡seguro que le duele muchísimo! —El pájaro carpintero no se hizo de rogar: echó a volar hacia donde lo llevaba Anita y, por el camino, se preguntaba qué bicho podría haber roído un agujero tan grande como el que Anita le enseñaba con las manos.

Cuando llegaron al pino, Anita señaló con el dedo el sitio donde, de verdad, se abría un agujero grande y negro. El pájaro carpintero se acercó volando, lo miró bien y luego se echó a reír. —Pero, Anita, si eso no es ninguna herida. ¡Este pino está sanísimo! El agujero del tronco que te ha asustado es solo un hueco. Puede tenerlo cualquier árbol, y hasta pueden vivir dentro distintos animalitos. En este todavía no vive nadie, pero seguro que muy pronto se muda una familia de ardillas o un búho.

Anita respiró tranquila al saber que nadie le había hecho daño al pino. Le dio las gracias al pájaro carpintero y, desde entonces, iba cada día a mirar el pino, por si veía asomar del hueco una cola peludita de ardilla o los ojazos de un búho.

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