
Cuentos para dormir
La vaquita Matilde va a tener un hermanito
En un pueblito casi al final del mundo vivía una vaquita pequeña llamada Matilde con sus papás. Matilde era muy feliz, porque pasaba todo el tiempo en el prado, donde podía jugar con sus amigos.
Un día, cuando Matilde llegó a casa para cenar, vio que la mesa estaba llena de cosas ricas, y eso que no era domingo ni día de fiesta. De postre, mamá había preparado además helado de chocolate con caramelo por encima, el que más le gustaba a Matilde. Qué raro, porque ese postre solo salía en ocasiones especiales, como los cumpleaños o la Navidad.
Pero ese día sus papás querían contarle una noticia muy bonita:
—¡Vas a tener un hermanito, cariño! Papá y mamá se quieren mucho y pronto va a nacer un niño. Ahora tenemos que pensar cómo lo vamos a llamar —dijo la mamá de Matilde.
Nuestra pequeña protagonista se puso contentísima. Siempre había soñado con tener un hermanito para jugar con él. ¡Ya tenía ganas de contárselo a sus amigas!
Las semanas siguientes pasaron volando. La barriga de mamá crecía y crecía, papá preparaba la habitación para el bebé que iba a llegar, y Matilde elegía el color de las paredes del cuartito del bebé y los juguetes para su hermano pequeño. Además, toda la familia se puso de acuerdo en el nombre del ternerito.
Poco después nació Francisco. Era tan chiquitín y tan mono como Matilde lo había soñado. En casa no cabía tanta alegría. Pero, al cabo de un tiempo, Matilde empezó a ponerse cada vez más triste. Sus papás tenían menos tiempo para ella que antes, porque tenían que cuidar de Francisco. Mamá estaba muy cansada, porque Francisco casi nunca dormía la noche entera, lloraba a menudo y necesitaba atención todo el rato.
Matilde llegó a sentirse apartada, y un día pensó que sus papás ya no la querían.
Le entró una tristeza tan grande que no pudo aguantarse las lágrimas. Una noche, mientras estaba tumbada en el heno llorando bajito, se le acercó mamá.
—¿Por qué sigues despierta, mi angelito? ¿Y por qué lloras? ¿Qué ha pasado? —le preguntó.
—Lloro porque ya no me quieres, ahora solo te importa Francisco —susurró Matilde.
—Sabes que eso no es verdad. Tú no te acuerdas, pero cuando eras pequeñita como Francisco, casi nunca dormías la noche entera, y papá y yo nos levantábamos a cuidarte. Eso se pasa pronto, y cuando Francisco sea un poco mayor, podréis jugar juntos, como tú siempre has querido. Y además, ya puedes ayudarme a cuidarlo. Mañana te lo enseño todo. ¿Te gustaría? —Mamá sonrió y abrazó fuerte a Matilde.
—Sí, mamá, me encantaría —contestó Matilde, ya contenta, secándose las lágrimas.
Al día siguiente, mamá dejó que Matilde la ayudara a cuidar a su hermanito, y Matilde, por primera vez en mucho tiempo, se sintió feliz y responsable de Francisco, como una hermana mayor de verdad. Y estaba deseando que su hermanito creciera un poco para poder jugar juntos.
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